Nueva etapa, ¿me acompañáis?

Durante dos años y pico, este rincón ha sido el lugar donde he venido (con rachas, eso sí) a enseñar y compartir mis experimentos creativos en diferentes campos: decoración, cocina, costura, fotografía, algo de bricolaje… Un poco de todo. En estos dos años me lo he pasado muy bien probando cosas y, en el fondo, probándome a mí misma. Algunas veces las cosas han salido bien, otras no tan bien, pero he aprendido mucho.

Sobre todo, he aprendido de mí misma. En la vorágine de pintura, cola, útiles de cocina y objetivos de fotografía, al fin he encontrado las dos cosas con las que realmente disfruto, donde creo que tengo mucho camino por delante para seguir aprendiendo y, a la vez, algo que ofrecer a los demás. Esas dos cosas son la cocina y la fotografía. En estos dos años de blogging intermitente, ésas han sido, según creo, las dos aficiones que más me han satisfecho personalmente y las que mejor recepción han tenido por vuestra parte (supongo que no es casualidad).

Por ello, es el momento de centrarse en lo que realmente disfruto y lo que, al final del día, me supone esa alegría creativa. Tras varios meses de reflexión y trabajo, he puesto en marcha A buen hambre, un blog donde compartiré recetas elaboradas en mi cocina, pero también otras informaciones que pueden resultar útiles a los “cocinillas” como yo.

El nombre no es casual. Lo que más me gusta de cocinar algo es que luego puedo comérmelo, soy así de sencilla, y ya se sabe que “A buen hambre, no hay pan duro”. Un nombre acertado para un blog de alguien a quien comer le produce un gran placer.

Respecto a este blog, no voy a cerrarlo, ni borrarlo, ni nada así. Hay aquí una buena cantidad de cosas y, en cierta medida, estas entradas forman parte de mí, especialmente ahora que las veo como una muestra de la evolución hasta llegar al “enfoque” más particular de mi creatividad. Además, ¿quién sabe?, quizá en algún momento me apetezca escribir aquí sobre algo que no sea cocina y comida.

Si os gusta la idea, podéis seguir el blog en Facebook, Twitter, y para los más visuales, en Instagram y Pinterest.

¿Qué, os gusta comer? 😉

Pagando deudas (los recuerdos de mi boda)

Os prometí que a finales de agosto os pondría un post con los recuerdos de boda, como alguien amablemente me ha recordado. El caso es que, para los que aún no lo sepan, cuando volví del viaje de novios me lié con papeleo para hacer un BA English en la Universidad de Londres, a distancia, y después de eso, con el BA English en sí mismo, en el que hay un montón de lectura (sólo en una asignatura de las dos que tengo debo leer unos 29 libros, de los cuales sólo llevo leídos 7)

Total, que entre pitos y flautas, no os enseñé los recuerdos de mi boda (ni tampoco mis gyozas, ni mi pumpkin pie, ni otras cosas que he estado haciendo y que están en mi instagram). Así que aquí vengo, dispuesta a saldar la deuda antes de que acabe el año y yo me lié con otra cosa.

Un problema que tuvimos cuando buscábamos los recuerdos para nuestra boda fue que todos eran TAN típicos y TAN estereotipados que no había forma de decidirnos por nada. Para los hombres: cosas con alcohol, fumar, deportes. Para las mujeres: cosas para acicalarse. Y todos los recuerdos tenían ese toque de “típica cosa que se compra sin pensar en nadie”. Creo que lo más bonito de los regalos es, precisamente, que los haces pensando en la gente. Al final decidimos hacerlos nosotros mismos (con ayuda ajena).

Para los hombres, hicimos unos posavasos:

Posavasos

Posavasos II

Internet está lleno de ideas para esto, y desgraciadamente ahora no puedo encontrar la página en la que vi originalmente la idea. Son regalos baratos de hacer, que puedes personalizar completamente, y que te permiten escoger el grado de implicación que  quieres. Para hacerlos compré unas baldosas pequeñas (unos 10×10 cm, aproximadamente), unas láminas finas de corcho, un par de fat quarters de tela (45×55 cm), de los que sobró un poco, y mi queridísima cola de base de agua, que ya tenía en casa. Es tan sencillo como cortar la tela y el corcho a una medida algo menor de la de las baldosas, y luego pegar. Para el corcho, mejor usar algún tipo de cola de contacto, y luego aplicar presión, de esa forma nos aseguramos de que queda bien pegado. Para la tela, basta con centrarla en la baldosa, y luego aplicar cola de base de agua. Por seguridad, le dimos unas tres capas de cola.

Para personalizarlos aún más, utilizamos unos sellos simples con nuestras iniciales, y tinta azul oscuro que aplicamos por la parte del corcho (ojo con cuanta tinta usáis, u os quedarán borrones). La cuerda y la etiqueta que dan el toque rústico que queríamos para nuestra boda nos la proporcionaron en Save My Date, la misma empresa que hizo nuestras (preciosas) invitaciones.

Sin embargo, era indiscutible que el éxito verdadero se lo llevaron los llaveros, que no hice yo, sino mi suegra, y que fueron los regalos de las mujeres:

Llavero

Llavero II

Como veis, es una auténtica monada. Está cosido a mano, y la enredadera de la entrada también está bordada a mano. Lo mejor de todo es que no había dos diseños iguales, porque mi suegra bordó cosas distintas en cada casa, o hizo las ventanas o las puertas de formas distintas. Para darle nuestro toque, se nos ocurrió comprar esas llaves pequeñas y antiguas en Internet (hay muchos sitios que las venden), y luego ponerle unas etiquetas en las que se leía: “La llave de nuestra casa”, como una forma simbólica de invitar a la gente a que venga a Luxemburgo a visitarnos. La idea es que luego se pueda quitar la etiqueta y esa llave, y usar la casita como llavero para las llaves de casa.

Al final salió muy bien y los regalos gustaron. Mucha gente, de hecho, nos dijo que les agradó que los regalos no eran “lo típico de siempre”. Creo que es una buena forma de dar un toque personal a una boda si no puedes estar al tanto de la decoración, los colores, los decorados, etc, y tienes que confiar más en lo que te puedan poner allí (como fue nuestro caso).

Hiatus hasta finales de agosto

Hace ya más de un mes que no publico ni una sola entrada, y eso que ideas no me han faltado (o proyectos empezados por terminar, de hecho).

Para los que no lo sepáis, en menos de un mes me caso. Sí, qué bonito, cómo nos alegramos, adelante marcha nupcial de Mendelssohn, pero claro: tengo poco tiempo. Me caso en España, pero no en mi comunidad autónoma, así que además de organizar la boda en sí estando en el extranjero, tengo que ocuparme de unas 20 personas que jamás han estado donde me caso. Y cómo no, al principio de toda esta locura se me ocurrieron unos cuantos DIY para la boda que han estado martilleando mi cabeza durante seis meses (afortunadamente ya están listos).

Al tema: no voy a tener tiempo para publicar aquí hasta que vuelva de la luna de miel. Dejaré algunos posts programados para después de tan señalada fecha enseñando algunas de las cositas que se verán en la boda (y sólo porque ya tengo las fotos hechas), y que no voy a poner antes por aquello de la exclusividad  y sorprender al personal.

Hale, nos vemos a partir del 17 de agosto.

El mueble que se convirtió en una carpa koi

Bajo este título tan ridículo imaginativo, os enseño mi último proyecto. Ha sido probablemente el proyecto más difícil y largo al que me he enfrentado (porque aquella estantería no la hice yo sola completamente, y esto sí).

El mueble es de 1968, y fue fabricado en Metz, Francia. Me parecía que era lo suficientemente viejo para ser atractivo, pero no tanto como para que me diera pena cargármelo si las cosas no salían bien. Si bien al principio estuve dudando un poco sobre los colores que iba a utilizar, al final el crema y el coral me parecieron una combinación viva y alegre. La tela fue una feliz sorpresa de esta tienda de Etsy.


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Me gustaría poner todas las fotos del proceso, pero desgraciadamente, mi cámara parece estar pasando por una crisis de identidad y se ha rebelado contra mí. Tampoco es que las fotos fueran a ser muy explicativas. El proceso básicamente ha consistido en desmontar el mueble, lijarlo (con máquina para lijar, que una no es de hierro), rellenar los surcos tallados de la parte baja, darle una o dos capas de base (prime), pintarlo, pegar la tela con el procedimiento de découpage, hacer los detalles en coral y por último cambiar los pomos.

En todo este proceso, han habido tres grandes momentos en los que el destino del mueble pendió de un hilo.

1. Rellenar los surcos tallados. Lo hice con algo que no sabría decir exactamente qué es, ya que el bote está en alemán y no encuentro ninguna traducción apropiada. Es una especie de masilla flexible y gris, como goma, que se aplica con pistola. Tuve que hacer varias aplicaciones, dejando un tiempo para que se secaran, e intenté cubrir los surcos quitando los excesos con espátula. Si bien le fui cogiendo el truco al asunto, la primera aplicación que hice dejó una especie de cubierta de goma sobre la parte del mueble donde la utilicé debido a que no quité todo el exceso y luego tuve que invertir un tiempo en quitarla bien para que al poner la base la superficie quedara lisa.

2. Lo segundo fue percatarme tras la primera mano de pintura de que, si bien había lijado bastante, no había sido suficiente, especialmente en las baldas  extraíbles (que ya no los son) de la parte inferior. Las baldas han quedado fijas donde están, y fue un dolor de cabeza lograr que entraran en su sitio (aunque al final lo logré sin llegar a romper el mueble).

3. Los detalles en coral. Tras un mes con el mueble, y empezando a cansarme del asunto, pintar esos detalles e intentar que quedaran bien fue todo un desafío a mi paciencia, y es que hizo falta colocar cinta de pintor cuidadosamente y también, una vez quitada la cinta, repasar con un pincel pequeño y mucha paciencia algunos detalles.

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El mueble está ahora colocado en el despacho, y en él voy a guardar los objetivos de mi cámara y las telas, para evitar así que se arruguen.

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Dos manualidades MUY sencillas para conmemorar el Día del Libro

Que sí, que llego tarde, que el día del libro fue ayer… ¡Pero nunca es tarde para hacer cosas que conmemoran los libros y la literatura! Llevo varios días liada con un proyecto grande que espero enseñar por aquí, así que mientras tanto os traeré ideas sencillas y rápidas que no me ocupen mucho tiempo.

Aquí os muestro dos manualidades (o crafts, depende de lo cool que seáis) que son a prueba de tontos. Una de ellas es un cambio de look a unos sujetalibros, y la otra, unos marcapáginas que, en total, no te llevan más de quince minutos.

El Día del Libro siempre ha sido especial, ya que cuando éramos pequeñas y Belén Esteban no había publicado nada aún existía variedad en las tiendas de libros, mi padre nos llevaba a visitar la feria del libro en el Parque de Viveros y era tradición que nos lleváramos algún libro a casa. Ahora me pilla un poco a desmano ir a visitar la feria, así que hago mis propias cosas para conmemorar este día.

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Estos sujetalibros existen desde el principio de los tiempos, o sea, desde que me mudé a Lux. Cuando nos cambiamos a esta casa hace un par de años, estos pobres sujetalibros no encontraron un sitio apropiado y acabaron olvidados en un rinconcito de una estantería. El otro día reparé en ellos, y aprovechando que hoy he recibido washitapes nuevas y me moría de ganas por hacer el tonto con ellas, me he propuesto darles un poquito de alegría (aquí podéis ver cómo eran antes). Tan sencillo como unas capas de pintura acrílica, un par de washitapes y algo de cola de base de agua para sellar las washis y la pintura.

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Los marcapáginas, para ser honestos, no han sido idea mía. La idea la vi aquí (también está ahí el proceso, en inglés). En este caso yo lo que he hecho para darle color a los marcapáginas ha sido hacer découpage de papeles que tenía por casa, restos de servilletas que he usado para otras cosas, etc. Además, yo los he hecho con cartulina, que aunque son menos flexibles, son más resistentes. Para que os hagáis una idea general, aquí podéis ver más o menos el proceso, partiendo de la plantilla.

¿A que son cositas muy sencillas? ¿Qué estáis haciendo vosotros para celebrar este día?

Transformando un mueble de Ikea

Inicialmente quería catalogar este post dentro de una de las actividades de esta primavera, el découpage. Pero la verdad es que al final he decidido catalogarlo aparte, ya que con él me lanzo a explorar una nueva faceta creativa: transformar muebles y otros objetos. Se podría decir que es parecido a restaurarlo, aunque en realidad en este caso el mueble no estaba en mal estado, simplemente consideré que necesitaba un “cambio de look“. Ahora queda mejor en el comedor, haciendo juego con la alacena.

Pero a lo que vamos. Esta vez, en lugar de poner los materiales y el proceso con instrucciones os iré contando cómo fue hacerlo, incidiendo más en mi experiencia propia que en cómo conseguir algo igual.

ANTES

Antes

DESPUÉS

 

Final I

 

Final II

 

El modelo que transformé es el carrito FÖRHÖJA de Ikea. Como podéis ver, lo compramos para poder poner ahí la máquina de café y todos sus complementos habituales (tazas, cápsulas, edulcorantes…). El diseño del mueble es muy característico de Ikea: muebles sencillos, funcionales y no muy ornamentados que nos transportan a los países nórdicos. Sin embargo, para un comedor en blanco con algún acento marrón, este mueble desentonaba un poco. Deshacernos de él estaba fuera de toda cuestión: el mueble está en perfecto estado, no es viejo.

Para darle un nuevo aire, combiné capas de pintura acrílica para madera con découpage de tela (en la superficie superior) y servilletas (detalles de los cajones y las barras del primer nivel). En este caso particular no hizo falta lijar nada, aunque suele ser recomendable antes de pintar, porque el mueble no tenía ninguna capa previa de barniz ni ningún tratamiento químico. Al tacto resultaba ligeramente áspero, poroso, ideal para la pintura. Por otro lado, no pinté el interior de los cajones ni aquellas partes que iban a ser menos visibles.

Pintar de blanco

 

Para un buen acabado, necesité hasta tres capas de pintura, especialmente en las partes más visibles. Pinté el mueble con un rodillo de esponja, de forma que no quedaron marcas de pelo como suele suceder con una brocha, y además con la esponja del rodillo, apretando un poco hacia delante, se podía extender la pintura por los recovecos. También podéis ver que utilicé un plástico protector para pintar, cosa que recomiendo encarecidamente. Sobre todo si tienes la deplorable idea de hacer esto en el salón de tu casa.

Una vez la pintura estaba completamente seca, hice el découpage de tela de la parte superior. Primero medí el mueble y corté la tela necesaria, para después plancharla a vapor. Esto me pareció importante porque la tela de algodón, la ideal para este tipo de trabajos, se arruga con facilidad y eso complica mucho un acabado perfecto. Para colocarla, extendí la tela sobre la superficie, aplanándola con la mano, levanté un lado, apliqué cola de base de agua, coloqué cuidadosamente la tela por encima, estirando del lado contrario, y la alisé con la mano, evitando que quedaran arrugas. Después levanté el lado contrario al pegado, y, siguiendo por donde ya había pegado la tela, fui colocando por sectores la tela que quedaba, alisando bien y estirando con cada nueva aplicación. Me sobró un poco de tela al final que tuve que cortar con mucho cuidado, a pesar de que la medida que hice era casi exacta, pero la tela con la que trabajé tenía cierta elasticidad, y al estirar un poco en cada aplicación de cola iba generando un poco de tejido de sobra. En este caso, para esparcir la cola tanto por la madera como por el tejido, utilicé una especie de paleta de esponja, que es recomendable para cuando se hace découpage en superficies medianas o grandes.

Decoupage tela

 

Para seguir utilizando este mueble con la máquina de café, hicieron falta hasta cuatro capas de cola de base de agua por encima de la tela, dejando un tiempo de secado entre medias, de modo que se quedó “plastificada”, algo parecido a un mantel, pero sin perder esa textura de tejido que quería para el mueble. Tras una semana de uso, puedo asegurar que las manchas se van con un trapo húmedo sin dejar casi marca.

Después hice los detalles de los cajones y las barras del primer nivel, con un pincel apropiado y siguiendo el mismo procedimiento que en otras ocasiones.

Decoupage servilletas

 

Por último, sólo hizo falta que todo se secara bien para poder colocar el mueble y seguir utilizándolo. En total tardé unas cinco horas de trabajo casi continuado, es un proyecto algo más duro que la mayoría de los que he mostrado aquí, pero el resultado es estupendo, y ahora tenemos un mueble completamente único y a juego con nuestro comedor. Además aproveché para reorganizarlo un poco, y ahora también tenemos algunos cacharros electrónicos sobre las barras de abajo del todo.

Después de este proyecto, he estado investigando mucho más sobre renovación de muebles, y esta Semana Santa aprovecharé para llevar a cabo un proyecto que espero mostrar por aquí pronto.

Diario de fracasos: El découpage de tela sobre corcho

    Este blog es mi pequeño reducto de creatividad, donde reflejo (o lo intento) todas las ideas que me pasan por la cabeza y que, cuando los hados son favorables, acabo reflejando en cosas tangibles. Sin embargo, creo que este espacio virtual está incompleto si sólo pongo aquello que me ha salido razonablemente bien, y no pongo aquello que ha sido un fracaso. Aunque haya sido un fracaso, he invertido un tiempo igualmente y ese tiempo no se invierte en balde: aprendes lo que NO hay que hacer.

   El caso es que después de mi éxito reciente transformando un mueble de café (que ya enseñaré por aquí, con proceso y explicaciones), me sentía muy lanzada a seguir aplicando el découpage de tela sobre distintas superficies, con la esperanza de conseguir resultados similares. Se me ocurrió que podía transformar una aburrida tabla de corcho (que ya intenté alegrar aquí) con un poco de tela y washitape. Pensaba convertir un tablero de corcho corriente y moliente en un tablero de inspiración, y decorarlo con aquello que me parece bonito y agradable. Ya había renunciado a usar chinchetas, porque después, al desclavarlas, se vería el agujero sobre la tela y quedaría muy mal, así que pensaba que también con washitape podría pegar cosas en la tabla, sin tener después demasiado problema para despegarlas.

Sin embargo, no fue aquí donde encontré la dificultad. Los que me seguís en instagram habréis visto el resultado de mi idea:

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   Como se puede apreciar, a pesar de que en principio los colores casan bien juntos, en la tela gris han quedado unas manchas horrorosas. Parece que la tela aún está húmeda, pero la realidad es que está completamente seca, en esta foto ya había pasado una noche completa secándose, porque, en cuanto vi el resultado final (éste), pensé que quizá al tratarse de corcho, la tela y la cola tardaban más en secar.

   La tela y la cola sobre el corcho no funcionan nada bien, al menos la cola de base de agua, que es la que se usa para el découpage. Pienso que una forma de haberlo evitado hubiera sido no echar una capa de cola por encima, como se suele hacer habitualmente, ya que en los bordes de tela azul no eché cola por encima, y no he tenido ese problema de manchas, pero podría ser también porque la superficie es bastante menor, requiere menos cola, y por eso no ha llegado a formar las manchas. También es cierto que no echar cola por encima se traduce en una menor protección de la tela, es decir, es más fácil que se manche, y luego a ver cómo lo limpias, y aunque no es una superficie que vaya a estar en contacto diario con otras sustancias (como sí es el caso del mueble de café), también es cierto que algo de protección siempre es recomendable.

   Por último, podría parecer que en realidad el daño no es tanto, ya que después sobre esta tabla van a ir cosas pegadas y, si no son muy transparentes, podrían disimular el efecto de manchas del acabado, pero aún así, aunque se pudiera disimular el desaguisado, no consideraría este acabado como un “éxito”. Esto he aprendido hoy. Lo próximo espero que sea cómo poder personalizar un tablero de corcho con un acabado impecable 😀