Optimismo

Esta mañana me levanté con la garganta hecha un estropajo, constipada. Esta mañana el veredicto era claro: he sido contagiada, inexorablemente, hasta acabar en este estado. Para más inri, estaba nevando de lo lindo. Y es domingo, el día oficial de hacer el vago, en el que no puedo hacer el vago porque esta Semana Santa nos vamos a España con una perra en el coche y hay muchas cosas que preparar. La verdad, para qué os voy a mentir: mi día no ha empezado de la mejor manera. Las perspectivas eran tan grises como el cielo sobre nuestras cabezas.

Pero lo cierto es que yo tengo el poder para cambiar todas esas percepciones. Mi resfriado y mi garganta no me molestan tanto en realidad, un par de aspirinas y podré volver a correr por el bosque. La nieve se irá, es normal que en el entretiempo las cosas estén un poco revueltas. Tengo muchas cosas que preparar del viaje, pero también tengo una semana por delante de diversión y de descanso de tanta nieve.

Todos tenemos esa asignatura pendiente en la vida que nos duele un poco: acabar aquella maqueta, aquel proyecto de novela que nunca llegó a cristalizar, esa pintura que empezamos con tanta ilusión, retomar un idioma largamente abandonado…  Y muchas veces lo afrontamos de la manera equivocada: nos autocastigamos mentalmente por no haber sido lo suficientemente fuertes, constantes, inteligentes… Pero la realidad es que para tener éxito en algo, para lograr lo que nos proponemos, muchas veces se requieren muchos fallos y tropiezos por el camino. Quedarse con lo negativo no nos ayuda a seguir adelante, pero felicitarnos por aquello que sí hacemos bien es un combustible interno muy subestimado.

Con esta idea, hoy he cogido un paquete de rotuladores y unas cuantas fichas hechas de cartulina y me he decidido a llenar mi día de optimismo. Coincide que en el despacho aún teníamos un calendario viejo y al quitarlo el tablón de corcho quedaba bastante muerto. Así que manos a la obra: rotuladores, cartulinas y 20 mensajes positivos e inspiradores. El resultado es éste:

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Quizá el resultado es un poco infantil, pero cuando he acabado de escribir y decorar todas las tarjetas, mi humor había mejorado considerablemente. Cada vez que me sienta un poco pesimista o me falte ánimo para hacer lo que me propongo, puedo mirar las frases que he colgado ahí y renovar fuerzas.

 

Barritas de granola caseras

Siempre que queremos comer sano (que no es lo mismo que “hacer dieta”) se nos presenta un grave problema: picar entre horas, que no debería ser muy malo, si no nos diera por comer cosas poco saludables. Pero hay una solución para esas veces que quieres un pique dulce y muy sano: barritas de granola. Por supuesto, puedes comprártelas ya hechas, pero aparte de comerte unos cuantos componentes artificiales, también te pierdes la diversión de cocinarlas.

Esta receta la he adaptado de lo que vi aquí.

Granola bars

 

INGREDIENTES:

2 cups de avena

1 cup de almendras troceadas (no hace falta que estén muy picadas)

1 cup de avellanas troceadas (igual que las almendras)

1 cup de coco rallado (opcional, aunque recomendable)

43 gr. de mantequilla sin sal

160 ml. de miel

1/4 de cup de azúcar moreno, sin apelmazar.

1 cucharadita y media de extracto de vainilla

1 pellizquito de sal

1/2 cup de orejones (albaricoques secos) troceados

1/2 cup de arándanos o grosellas secas

3 onzas de chocolate de 70% de cacao troceadas (no hace falta que estén muy troceadas)

CÓMO SE HACE:

1. Primero, precalienta el horno a 175º. Mientras, cubre una fuente de horno de cristal de aproximadamente 25×15 cm con mantequilla, y coloca encima de la mantequilla una hoja de papel de horno. La apartamos.

2. Coloca en una bandeja de horno (de las grandes) la avena, las almendras, las avellanas y el coco rallado, y deja que se tuesten durante unos 12 minutos, abriendo el horno cada dos minutos para remover la mezcla.

3. Mientras, en un cazo calienta a fuego medio la miel, el azúcar moreno, la mantequilla, el extracto de vainilla y la sal. Cuando hierva la mezcla, se deja un minuto (sin cambiar la potencia del fuego).

4. Cuando la avena y el resto de frutos secos estén tostados, baja la temperatura del horno a 150º, coloca la avena y lo demás ya tostados en un bol grande y vierte encima la mezcla del cazo, mientras remueves. Debe estar bien mezclado.

5. Una vez esté bien mezclado, se incorpora la fruta seca y el chocolate. Lo más posible es que el chocolate se derrita, pero eso dejará un agradable toque a chocolate en el sabor.

6. Ahora, coloca la mezcla que has obtenido en la fuente de horno a la que pusiste el papel al principio, y mete la fuente en el horno durante 30 minutos, a 150 º. Debe tener un color tostado. Antes de cortar las barritas, hay que dejar enfriar la pasta durante un mínimo de dos horas. Yo he optado por dejarlo dos horas en la fuente sacada del horno y luego una media hora desmoldado (estirando del papel sale todo, de ahí la importancia de untar la mantequilla en la fuente y luego poner el papel encima)

¡Y ya está! Ahora tienes barritas de granola caseras, para poder picar entre horas sin pasarse demasiado. También son ideales para desayunar. Para guardarlas, envuelve cada porción en un poquito de papel film o papel de aluminio y guárdalas en un bote cerrado.

Fotos del proceso: