Flores kanzashi, flores para todo el año

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Cuando compramos la mesa nueva del salón, estuve pensando largo y tendido qué poner encima para alegrarla mientras no estuviéramos comiendo. Lo primero que se me ocurrió fueron flores, pero aquí las flores tienen una estación muy limitada y el problema de que al poco tiempo se mustian. Así pasé a pensar en flores de tela, pero no encontraba ningunas que me acabaran de convencer y arreglarlas para hacer un centro me parecía un poco complicado. Entonces me crucé con unas plantillas para flores kanzashi, unas flores que las japonesas cosen con tela y que suelen utilizar como decoración para el cabello. La variante occidentalizada las utiliza para muchas otras cosas (decoraciones de bolso, apliques en cojines), y así es como se me ocurrió utilizarlas para hacer un pequeño ramo de flores decorativo.

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Aparte de las telas (que yo he escogido en gama cálida y otoñal, como decoración de temporada) y las plantillas, también es bueno tener a mano una pistola de silicona y cuentas o abalorios para decorar el centro. Los abalorios se pueden coser, pero he visto más sencillo y con mejor acabado utilizar la pistola de silicona caliente para pegar las cuentas al centro (y la tela parece conservarse en buen estado). Otros complementos han sido los tallos de alambre y un trozo de porexpan para colocar dentro del jarrón y clavar las flores.

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Lo bueno de estas flores es que puedes obtener un resultado genial sin necesitar grandes conocimientos de costura. En las plantillas se indica por dónde tiene que ir la aguja, y cuando acabas simplemente tienes que abrir la plantilla y estirar de los dos extremos del hilo. Cada plantilla da lugar a un pétalo, lo que significa que con varias plantillas puede combinar pétalos distintos y  que puedes hacer variaciones de colores a placer. La ventaja de esto es que puedes personalizar por completo tus flores.

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Yo sólo hice cinco flores, porque la apertura del jarrón era estrecha, y con muchas flores la colocación parecía complicada.

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Mermelada de mirabelles

Una de las tareas para este otoño era la de hacer mermelada de mirabelles (o mirabeles, en castellano). Como ya dije, vivimos a una hora de Metz, la ciudad más representativa del cultivo y uso de esta pequeña variedad de ciruela. La mirabel es una fruta dulce, lo que la convierte en una variedad de ciruela apta tanto para mermeladas como para repostería. Descubrimos que teníamos un par de árboles de mirabel en el jardín, aunque dan muy poca fruta y sólo hemos recogido unos 500-600 gramos de ambos (se nos escaparon algunas que se comieron los pájaros y otras que se comió la fierecilla cuando caían maduras del árbol).

Congelé las ciruelas conforme maduraban y las recogíamos, porque no salieron todas a la vez, con la esperanza de que se mantuvieran en buen estado, pero al descongelarse perdieron su tersura original. No importa, porque estaban dulcísimas y la mermelada que ha salido es fina y agradable de sabor.

INGREDIENTES (para ~250 gr. de mermelada, o casi un bote)

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~500 gramos de mirabeles

1/2 cup de azúcar de caña

1/2 teaspoon de zumo de limón

Tres o cuatro trozos de manzana (no muy madura, preferentemente), con piel

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PROCESO

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1. Lo primero es lavar y deshuesar las mirabeles. Es más fácil con un deshuesador pero también se puede hacer a mano. No hará falta partir la fruta en trozos, porque en este caso es muy pequeña, y tampoco es preciso pelarla.

2. En un cazo, ponemos las mirabeles, el azúcar, el zumo de limón y los trozos de manzana a fuego lento durante una hora y media (puede ser más), removiendo de tanto en tanto. La mezcla no tiene que llegar a hervir.

3. Mientras se cuecen los ingredientes, llenamos la pila del grifo de agua hirviendo y colocamos dentro del agua el tarro o tarros que vayamos a usar para guardar la mermelada, durante unos 15-20 minutos. De esta forma los esterilizamos.

4. Comprobamos que la mermelada esté en el punto de espesor apropiado. Para la manzana tenemos dos opciones: podemos descartarla en este punto, o podemos quitarle la piel y triturarla junto con las ciruelas. Yo he escogido quitarle la piel e incluirla en la mermelada, ya que no había mucha fruta y de esta manera quedaba un poco más consistente la mermelada resultante. El sabor de la manzana no se nota prácticamente en el resultado final.

5. Trituramos todo con una batidora hasta que quede una mezcla homogénea. Colocamos en los tarros y dejamos enfriar fuera de la nevera. Una vez fríos podremos almacenarlos o refrigerarlos.

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Está riquísima y yo la he tomado sobre un muffin inglés con mantequilla, acompañando a un capuccino, para merendar 🙂

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ALGUNOS CONSEJOS

· El azúcar suele ir a gusto del consumidor, pero también hay que usar el sentido común. En este caso, la fruta que utilizamos es bastante dulce, con lo que pasarse con el azúcar equivale a obtener una mermelada cargante y empalagosa, en la que el sabor de la fruta puede quedar desdibujado. En otros casos, como las mermeladas de frutas ácidas (fresa, por ejemplo) y cítricos, es más lógico aumentar la cantidad de azúcar.

· Para comprobar si la mermelada está en el punto de espesor adecuado hay muchos métodos, todos ellos consistentes en someter un poco de mermelada a un cambio brusco de temperatura para ver su reacción. Yo pongo un plato pequeño en la nevera mientras la mermelada se cuece, y cuando ha pasado una hora, hago una prueba colocando un poquito de mermelada en el plato recién sacado de la nevera. Si la mermelada se espesa al poco de establecer contacto con el plato, está en su punto.

· Al respecto del espesor, la mermelada debe quedar espesa al enfriarse. Si intentamos que la mermelada esté espesa mientras se cuecen los ingredientes, en caliente, cuando se enfríe tendremos algo parecido a una gelatina.

· La manzana es el factor que ayudará a que nuestra mermelada se espese más fácilmente (debido a la pectina que contiene). También es posible espesar la mermelada con pectina artificial, si no se quiere incorporar manzana en la mermelada.

Reto semanal: Raviolis de calabaza rellenos de bacon y espinacas

Y lo de raviolis es una forma de hablar, porque a mí me quedaron unas cosas gigantes que no se parecen en nada a los raviolis. En esta ocasión traigo una receta curiosa en la que la calabaza va integrada en la masa de la pasta casera… Al disminuir la proporción de harina, queda una pasta ligera y agradable, aunque el sabor a calabaza se pierde, especialmente si el relleno y la salsa son muy sabrosos, como era el caso. El resultado, aunque no es muy agradable para la vista (falta de técnica, ejem ejem), sí lo es para el paladar.

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Hacer pasta es un auténtico dolor de cabeza. Y ésta es sólo la segunda o tercera vez que hago pasta casera. Sin embargo, quería hacer este intento después de haber visto en algunas páginas a gente que lo hacía y decidí pensar mi propia receta.

INGREDIENTES

PARA LA PASTA

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200 gr. de harina

200 gr. de calabaza

1 huevo L o XL

1 tsp. de sal

PARA EL RELLENO

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100 gr. de espinacas congeladas (descongeladas)

100 gr. de bacon ahumado

1 tsp. de parmesano

25 ml. de nata para cocinar

PARA LA SALSA

200 gr. de queso mascarpone

30 gr. de gorgonzola

25 ml. de nata para cocinar

1 tsp. de ralladura de limón (la ralladura de medio limón, aproximadamente)

20 gr. de nueces, sin cáscara.

PROCESO

1. Lo primero es hacer la pasta. Para ello, hervimos la calabaza hasta que esté tierna pero no deshecha. Cuando podamos pincharla sin que ofrezca resistencia, estará lista. La sacamos del agua, la trituramos y dejamos que se enfríe.

2. Cuando el puré esté frío, lo mezclamos con la harina, el huevo y la sal hasta que quede una masa homogénea. Enharinamos una superficie de trabajo y amasamos la mezcla. Recomiendo enharinarse también las manos.

3. Dejamos reposar en la nevera durante dos horas o más. Pasado ese tiempo, la sacamos de la nevera y la dejamos a temperatura ambiente una media hora.

4. Mientras la masa reposa a temperatura ambiente, hacemos el relleno. Sofreímos el bacon en una sartén a fuego medio-alto, y cuando empiece a soltar un poco de grasa, incorporamos las espinacas. Mezclamos bien y agregamos la teaspoon de parmesano y la nata para cocinar. Dejamos que se cueza hasta que la nata se haya solidificado un poco.

5. Mientras, en una sartén, doramos un poco las nueces, con cuidado de que no se quemen y las reservamos. En un cazo echamos todos los ingredientes de la salsa (excepto las nueces) y los cocemos a fuego fuerte, hasta que los dos quesos se hayan derretido completamente. Ponemos el fuego bajo y removemos de vez en cuando.

6. Cuando la masa esté temperada, la extendemos en dos láminas finas (no demasiado). Ponemos cucharaditas de relleno en una de las láminas, dejando un espacio de un centímetro entre las porciones por sus cuatro lados. Con una brocha de cocina, pintamos con agua los espacios entre las porciones de relleno. Colocamos por encima la otra lámina de pasta. Presionamos para que se pegue y cortamos por los espacios sin relleno.

7. Cocemos la pasta durante unos cinco minutos, aunque dependerá del grosor de vuestra pasta. Para servirlo, colocamos los raviolis en un plato, echamos un poco de salsa por encima y espolvoreamos las nueces por encima de la salsa.

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ALGUNOS CONSEJOS

· Para hacer los raviolis seguí otro proceso y me arrepiento de ello. En mi forma de hacerlos cortaba láminas alargadas, ponía el relleno en un extremo, las cerraba a modo de libro y cortaba. El problema lo vi después: en lugar de raviolis tenía croquetas (o algo parecido)

· La pasta aumentará de tamaño cuando la hayáis cocido. Eso significa que debéis hacerla más pequeña de lo que consideráis que es vuestro tamaño ideal. Yo no lo hice y me quedaron unas croquetas gigantes (sin cocer tenían el tamaño ideal)

· Vais a necesitar mucha harina. La masa de calabaza se pega mucho más que la normal, que ya es decir, así que os recomiendo que tengáis el paquete de harina al lado, y que siempre que manipuléis la pasta, sea con las manos enharinadas y la superficie en la que la vayáis a trabajar también, sin escatimar.

· Es importante que las nueces no se quemen, porque de hacerlo, se amargarán y se convertirán en una sorpresa desagradable en el plato.

· Una variante más sencilla de este plato es incorporar el puré de calabaza en el relleno, sustituyendo a las espinacas, y hacer la pasta con el proceso normal. Queda menos ligera, pero seguramente da menos quebraderos de cabeza. También se pueden variar las proporciones de espinacas y bacon a gusto de cada uno.

4 cosas creativas – 4ª semana de septiembre

Cocina: ensaladas con fruta

¿Quién dijo que las ensaladas eran sólo de color verde? A mí particularmente me gusta variarlas y jugar con los sabores. Si tengo que tomar ensalada, al menos que sea una divertida y sabrosa. Con el otoño, llega la temporada de la pera (que está fabulosa con queso brie y nueces, que lo sepáis) y las uvas (con queso feta y rúcula, para contrastar). En esta de aquí abajo utilizo manzana y arándanos, combinados con gambas y un poco de rúcula. Las gambas se pueden sofreír previamente con un poco de comino molido y zumo de lima para darles un toque especial y distinto. La idea de incorporar fruta en una ensalada suele desagradar a la gente más tradicional con los sabores, pero este pequeño cambio en las ensaladas hace que tomemos fruta diariamente, con todos los beneficios que conlleva.

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Diseño/Tipografía: Friends of Type

Diseños tipográficos frescos y creativos de la mano de cuatro amigos que se unieron para crear esta página. En su blog se inspiran e inspiran a los demás con diseños nuevos y llamativos, utilizando la página a modo de portfolio común. También tienen una pequeña tienda con artículos diseñados por ellos (camisetas, un tote, pósters…)

Creatividad: Un libro de pintar para pequeños y grandes

Así es definido en muchos sitios Outside the Lines, un libro de colorear con ilustraciones de artistas contemporáneos de todos los campos. Es una forma genial de introducir a los niños en el mundo de la creatividad de una forma distinta, pero también un buen capricho para los adultos que simplemente disfrutan coloreando. Se puede encontrar el original en amazon.com por 11 dólares (sin contar los gastos de envío).

Lectura: Malditos libros, libros malditos

Así es como se titula el libro de Juan Carlos Díez Jayo. Un libro que empezó siendo un blog que recogía curiosidades y anécdotas sobre libros, bibliotecas, autores y personajes. Me encontré el libro este verano, aunque aún estoy leyéndolo, y juntándolo con éste de aquí me hice con un buen montón de anécdotas literarias. El libro esta organizado en pequeños capítulos sin un hilo conductor, lo que lo convierte en un libro ideal para la mesilla de noche.

Reto semanal: Postre de tiramisú y calabaza

Imaginaos el particular sabor del café fusionado con un bizcocho esponjoso que conserva el dulzor de la calabaza y una suave crema de mascarpone y sirope de arce por encima… Ese particular Paraíso de sabores es éste postre. Cuando vi la receta en bhg.com, supe que iba a ser un éxito… Aunque eso sí, un éxito bastante trabajoso y con algunas modificaciones circunstanciales. La calabaza es ideal para hacer postres, porque tiene un sabor dulce que combina muy bien con especias y aporta un toque meloso a los bizcochos.

El postre puso la guinda a un menú italiano que empezaba con una ensalada caprese y pesto de albahaca y tenía como plato principal un risotto de setas, y sin duda fue lo mejor de toda la cena (como tiene que ser, todo el mundo siempre hace sitio para el postre ;)). El caso es que en la receta original se servía como una pastel en capas, cosa que me parece acertada cuando hay quince personas en la mesa, pero para una cena tranquila de dos personas, me parecía más agradable e íntimo servirlo en modo individual, en estas copas de cóctel. Con lo que sobró hice una prueba para hacer este mismo postre en platos, y aunque es ligeramente más fácil de montar, también es más cargante (más crema de mascarpone, para cubrir los lados) y también más fácil que se desmonte.

Postre de tiramisú y calabaza

INGREDIENTES

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PARA EL BIZCOCHO

Bizcocho

3 Huevos (a temperatura ambiente, unos 30 min. fuera de la nevera)

1 cup de harina

2 tsp. de canela molida

1 tsp. de levadura química

1 tsp. de jengibre molido

1/2 tsp. de sal

1/2 tsp. de nuez moscada

1 cup de azúcar

100 gr. de calabaza picada muy fina

1 tsp. de zumo de limón

1 cup de avellanas picadas finas.

PARA EL SIROPE DE CAFÉ

1/2 cup de azúcar

1/2 cup de agua

2 tbsp. de café en polvo

1 tbsp. de amaretto (yo no tenía, y utilicé brandy en su lugar, queda muy bien también)

PARA LA CREMA DE MASCARPONE

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2 cups de nata (sin montar)

200 gr. de queso mascarpone

1/4 de cup de sirope de arce

(tsp. -> teaspoon; tbsp. -> tablespoon. 1 tsp -> 5 ml. 1 tbsp. -> 15 ml. 1 cup -> 250 ml.)

PROCESO

1. Primero haremos el sirope de café y la crema de mascarpone:

  • Para el sirope, coloca el agua, el azucar y el café en una cazuela pequeña a fuego medio. Remuévelo para que el azúcar se disuelva bien. Cuando rompa a hervir, apártalo del fuego e incorpora el amaretto (o el brandy, en mi caso) y remueve bien. Reservar.
  • Para la crema de mascarpone, en un bol bate la nata hasta que esté un poco espumosa. Incorpora el mascarpone y el sirope de arce y bátelo todo hasta que quede una mezcla consistente pero con cierta fluidez, que forme puntas ligeramente rizadas cuando saques las varillas con las crema en ellas. Si lo haces en thermomix, echa todos los ingredientes en el vaso y bate a velocidad 6 durante unos 15 segundos. Reservar.

2. Engrasa una bandeja de horno con un poco de mantequilla, coloca encima papel sulfurizado y engrasa este papel con un poco más de mantequilla. Reservar.

2. En un bol, mezcla los ingredientes secos del bizcocho: harina, canela, levadura, jengibre, sal y nuez moscada.

3. Precalienta el horno a 190ºC.

4. Con una batidora o con la thermomix, bate los tres huevos juntos a velocidad rápida durante 5  minutos, o hasta que se forme una mezcla  consistente y ligeramente espesa de color amarillento. Añade gradualmente el azúcar a velocidad media, hasta obtener una mezcla ligera y espumosa. Incorpora la calabaza y el zumo de limón. Añade la mezcla de harina y especias a velocidad baja, hasta que todo este bien combinado.

5. Vuelca la masa (que quedará ligeramente líquida, tipo batter) sobre la bandeja que preparaste antes, y espolvorea por encima uniformemente las avellanas picadas. Reserva un poco de avellanas para poder decorar luego.

6. Hornea durante 15 minutos, o hasta que la masa rebote cuando la toques.

7. Saca la bandeja del horno y después el papel de la bandeja de horno. Si haces el postre en vasos o copas, empieza con una capa fina de crema de mascarpone. Con aros de emplatar (o vasos, o recipientes circulares del tamaño que desees), corta círculos de la masa, cógelos con una espátula y colócalos en el vaso de cóctel (o en el plato), sobre la crema de mascarpone. Echa un poco de sirope de café encima del bizcocho y cubre con crema de mascarpone. Repite este proceso hasta llenar las copas, o hasta acabar el bizcocho.

8. Espolvorea un poco de avellanas picadas por encima y chocolate amargo rallado. Refrigera en la nevera entre 2 y 24 horas.

ALGUNOS CONSEJOS

· Engrasar la mantequilla y el papel es un paso muy importante. La masa resultante es muy pegajosa una vez horneada, así que saltarse este paso equivale a pasar luego un mal rato para montar el postre.

· A pesar de que hablo de sirope de café, es un sirope que no debe quedar muy espeso. La razón es sencilla. La gracia del tiramisú es que el bizcocho se ha embebido completamente del sirope, si éste es muy espeso, en lugar de absorberse lo que sucederá es que se extenderá por encima pero no llegará a absorberse, complicando luego colocar la crema de mascarpone sin que ésta se diluya y quede una mezcla informe y poco atractiva.

· Al incorporar calabaza fresca y no enlatada como propone la receta original, ganamos en sabor, pero también en humedad. La calabaza es un vegetal con mucha agua, y hay que tener esto en cuenta a la hora de hacer la masa. Yo he aumentado en la receta la harina, pero vosotros mismos debéis juzgar si vuestra masa necesita un poco más de harina o no conforme la vayáis preparando. Lo importante es que quede una masa fluida pero no muy aguada.

· Casi cualquier fruto seco combinará bien con el bizcocho. Si no queréis avellanas, las almendras o las nueces cumplirán una función parecida: dar un pequeño toque crujiente al conjunto.

· Si hacéis el postre como yo, en copas de cóctel, debéis tener en cuenta que las copas son más estrechas en la base que en la boca, de modo que debéis cortar los círculos de diferente tamaño. Si queréis que quede visualmente atractivo, es importante que los círculos que cortéis sean lo suficientemente grandes como para que toquen las paredes de la copa, y al mirarlo de lado se aprecien las capas.

· Cuando montéis el postre, procurad que el bizcocho tenga sirope de café por todo, no sólo por el centro. El contraste entre el café y la calabaza es delicioso.

· La refrigeración es un paso muy importante. El mínimo es de dos horas, pero con dos horas os garantizo que no queda tan bien como con unas cuantas más (y lo sé porque lo he probado). Lo ideal es prepararlo por la mañana y tomarlo por la noche, o prepararlo una tarde y tomarlo en el postre de la comida del día siguiente. El objetivo es que la crema quede un poco consistente y el bizcocho haya tenido suficiente tiempo para “macerar” un  poco en el sirope de café.

· Si os sobra bizcocho, podéis usar vuestra imaginación y convertirlo en pastelitos de café, cakepops… Lo que se os ocurra. Si os sobre crema de mascarpone, es una mezcla perfecta para hacer buttercream para cupcakes.

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Reto semanal: Curry de pollo y calabaza

Para el reto semanal he escogido esta receta que incorpora calabaza en un plato de inspiración india. Encontré una receta que me resultó atractiva, pero a la que le he hecho unas modificaciones para que sea más asequible y fácil de hacer (la original está aquí). Como veréis, no es muy apetecible a primera vista, pero el sabor es espectacular:

Curry con calabaza

INGREDIENTES

2 tbsp. de aceite de oliva

1 pechuga de pollo por persona, cortada en dados pequeños

1 cebolla picada

2 dientes de ajo machacados

2 cm. de jengibre fresco, picado

1 tsp. cilantro seco molido

1 tsp. comino molido

1 tsp. garam masala

1 tsp. azúcar moreno

1/2 tsp. cúrcuma

1/8 tsp. de cayena

200 gr. calabaza en dados pequeños

1 cup y media de caldo de pollo

1/2 cup de nata para cocinar

(tsp. -> teaspoon tbsp. -> tablespoon)

PROCESO

1. Cocinar los dados de pollo en una tablespoon de aceite de oliva a fuego medio-alto. Se trata de que se doren, pero no tienen que cocinarse completamente. Reservarlos.

2. En la misma sartén donde se ha cocinado el pollo, echar la otra tablespoon de aceite y calentarla. Incorporar la cebolla, los ajos machacados, el jengibre y cocinarlos a fuego medio-bajo durante 3 minutos. Yo aconsejo que una vez pasados estos minutos se retire el jengibre.

3. Añadir las especias (cilantro molido, comino molido, garam masala, cúrcuma y cayena) y remover bien. Añadir el azúcar moreno y mezclarlo todo.

4. Incorporar los cubos de calabaza y saltarlos con las especias para que queden bien impregnados. Yo recomiendo dejar que la calabaza se sofría un poco con todo.

5. Por último, añadir el caldo (mejor si está un poco caliente), la nata para cocinar y el pollo reservado, subir el fuego y cuando empiece a hervir la salsa, bajar a fuego lento y cubrirlo. El tiempo de cocción dependerá de si la calabaza está a temperatura ambiente o viene fría de la nevera. Para la calabaza a temperatura ambiente (y previamente sofrita con las especias) entre 10-15 minutos es un tiempo razonable si queremos tener tropezones de calabaza en el plato. Si está fría, con 20 minutos deberíamos obtener un resultado parecido. Es importante que el líquido de la salsa se haya evaporado un poco y se haya espesado, si no es así, recomiendo subir el fuego unos minutos y destapar la sartén.

6. Servir sobre arroz basmati hervido.

ALGUNOS CONSEJOS

· Puede parecer que un octavo de teaspoon es poca cayena, pero os  aseguro que con sólo un octavo ya se nota bien el picante. Si no os gusta el picante en absoluto, os recomiendo sustituir la cayena por una teaspoon de curry suave.

· Retirar el jengibre es opcional, pero yo lo recomiendo, porque no siempre resulta agradable encontrarse un trozo de jengibre en la boca por sorpresa (tened en cuenta que una vez cocinado todo no se distingue qué es qué).

· Aunque he dado unos tiempos de cocción relativamente precisos, hace falta estar pendiente y tener claro lo que quieres. La calabaza tiene mucha facilidad para integrarse con la salsa y deshacerse, si queréis que os quede algún tropezón, tendréis que estar atentos a su textura mientras se esté cociendo. Si no, lo más seguro es que tengáis algo parecido a lo que yo logré (no tiene muy buena pinta visualmente, pero de sabor estaba riquísimo).

· En la receta original no se incorpora curry propiamente dicho (como sabéis, el curry también es un plato en sí). Yo no he echado curry, pero en su lugar he echado garam masala (y si no la tenéis en casa, es una mezcla muy recomendable)

· Yo lo he servido sobre arroz basmati hervido. También es una buena alternativa servirlo con pan naan.

Para la semana que viene tengo prevista una receta para incorporar la calabaza en un postre, engordaréis sólo de leerla, así que cuidado 😉

Una pequeña colección de cámaras ‘vintage’

Mientras estábamos de vacaciones este verano en Madrid, encontramos en la buhardilla un montón de tesoros de antaño: libros viejos, juguetes de la infancia, espejos… y estas bonitas cámaras. Las cámaras pertenecieron a un tío de mi suegra que estuvo viviendo y trabajando en Londres durante la II Guerra Mundial, al estar lejos de su familia y hacer frecuentemente retratos de su hija para la abuela de ésta, se fue aficionando a la fotografía y acabó con una curiosa colección de cámaras que cayeron en el olvido cuando murió. Ahora son auténticas reliquias, y además de entretenerme un rato haciéndoles fotos, también las he utilizado para decorar aquella estantería famosa (a la que ya le queda muy poquito para estar completamente decorada).

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Three of a kind?

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