Reto semanal: Muffins de calabaza y arándanos

Lo indico bien claro. Hay dos tipos de muffin: el inglés y el norteamericano. Gracias a Starbucks y otras cadenas, cuando alguien pronuncia la palabra muffin, enseguida los demás piensan en esas magdalenas gigantes y hermosas que siempre llevan tropezones. Y eso es sólo una parte de la realidad. Sí, ya me dejo de rollos y voy a lo que toca.

Como sabéis, la calabaza es muy usada en repostería por los norteamericanos, y no es para menos, el agua de esta cucurbitácea consigue que los bizcochos queden más melosos de una forma natural. Su característico sabor, ligeramente dulce una vez guisada, la convierte en un ingrediente estrella en pasteles, cupcakes, bizcochos y otras cosas por el estilo… Y por si eso fuera poco, la calabaza combina muy bien con las especias más comunes en repostería: la canela, el gengibre en polvo y la nuez moscada.

Esta semana vienen a visitarnos mis padres, y quería tener preparado algún bollo para desayuno un poco distinto, pero a la vez, no arriesgarme demasiado con los sabores. El resultado ha sido estupendo, no sólo agradable al paladar, sino también más ligero de lo que parece. La receta está modificada de  lo que vi aquí.

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INGREDIENTES

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2 cups de harina

1 teaspoon de bicarbonato sódico

1/2 teaspoon de levadura química

3/4 de teaspoon jengibre molido

1/2 teaspoon de canela molida

1/4  de teaspoon de sal

1/8 de teaspoon de clavos molidos

1 cup de ‘canned pumpkin

3/4 de cup de buttermilk (es raro encontrarla en España, se puede sustituir por 3/4 de cup de leche + 1 teaspoon de zumo de limón o vinagre, dejados a reposar juntos durante unos minutos).

3/4 de cup de azúcar moreno

1 tablespoon de aceite de oliva virgen

1 huevo de tamaño L o XL

1/3 de cup de arándanos secos (o al gusto)

Un poco de mantequilla para engrasar la bandeja de muffins

PROCESO

1. Precalentamos el horno a 190 º

2. Con unas varillas, mezclamos bien en un bol la harina, el bicarbonato, la levadura, las especias y la sal.

3. En un procesador de comida, combinamos la canned pumpkin, buttermilk, el azúcar moreno, el aceite y el huevo a velocidad 5 durante tres minutos. También se puede hacer a mano: todo en un bol, hasta que tengamos un líquido homogéneo de color marrón.

4. Una vez tengamos la mezcla líquida, a velocidad baja vamos agregando poco a poco la mezcla de harina, una cucharada cada vez, hasta obtener de nuevo una masa homogénea, pero más consistente. Debe quedar tipo batter.

5. Con un poco de mantequilla, engrasamos el molde de muffins que vayamos a utilizar, y colocamos dentro los moldes de papel para muffins. Vertemos la masa, sin llenarlos hasta el borde (ya que luego crecerán), aproximadamente un poco más de dos tercios del molde de papel.

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6. Horneamos durante 25 minutos, o hasta que el muffin rebote al ser tocado.

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ALGUNOS CONSEJOS

· El quid de la cuestión es que todo esté lo mejor mezclado posible, eso es lo que consigue el sabor final y que los ingredientes casen tan bien. No hay que olvidar el agradable contraste de una masa uniforme con esos pequeños trocitos de fruta que la alegran.

· Una cosa importante es no abrir el horno durante los primeros 15-20 minutos de tiempo de horneado. Eso hace que el horno se enfríe un poco y que gran parte de la humedad acumulada dentro salga, provocando así que los muffins salgan un poco más secos o, en el peor de los casos, que se hundan un poco por el centro.

· Es importante dejar que se enfríen muy bien antes de servirlos o comerlos, porque cuando están calientes se pegan bastante. Aún así,  no es mala idea presentarlos con cucharita si queremos rebañar bien el molde (y querremos, os lo aseguro).

· Los arándanos secos suelen ser más dulces que los frescos, ojo con aumentar demasiado la cantidad y obtener un muffin excesivamente dulce. Otras opciones que he visto y me han parecido interesantes son la de incluir algo más crujiente en lugar de fruta desecada (como nueces, avellanas…)

· Estos muffins admiten un poco más de especias, eso depende del gusto de cada uno, pero no le quedaría mal un poco más de canela o agregar nuez moscada.

Cómo obtener la famosa ‘canned pumpkin’

No, éste no es el reto semanal de calabaza de esta semana, mañana os pondré algo (mucho más rico) que utiliza el resultado de este proceso 😉

Un problema que me he encontrado con frecuencia al hacer recetas de calabaza es que la mayoría de las recetas en inglés (concretamente, de origen americano) hablan de ‘canned pumpkin’, es decir, calabaza enlatada, cosa que no es fácil de encontrar aquí, al otro lado del charco. Esta calabaza enlatada es en realidad un puré fino de calabaza, a medio camino entre el smoothie y el zumo. Aunque he buscado por los supermercados (y aquí en Luxemburgo hay bastante variedad, debido al fenómeno expat), no he encontrado nada que se le parezca. Y es un problema, porque cuando en una receta te piden este ingrediente, habitualmente se hace por su textura suave y fina. Yo he ido sorteando este problema a base de elegir si la receta podía tolerar algo más solido y fibroso (calabaza simplemente triturada) o algo ligeramente más suave (una especie de puré grosero).

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Y esto me estuvo carcomiendo, porque sospecho que los resultados, especialmente en repostería y pastelería, cambian mucho al aplicarse la calabaza de una forma u otra. Así que me puse a investigar por blogs americanos cómo obtener esta forma tan particular de calabaza. Y  di con este proceso de aquí (en inglés). Lo he llevado a cabo, y lo traduzco incluyendo mis propias impresiones, consejos y fotos. Sólo necesitas dos cosas: calabaza y agua.

PROCESO

1. Pelamos la calabaza y la partimos en trozos grandes. Esto facilitará luego su manipulación.

2. Llevamos agua a ebullición a fuego alto, y añadimos la calabaza. No hay un tiempo de ebullición fijo, cuando la calabaza se pueda atravesar cómodamente con un tenedor, sacamos trozo por trozo del agua y los colocamos separados sobre tablas de cocinar, para que se enfríen. Debemos reservar el agua.

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3. Una vez fríos, colocamos en un procesador de alimentos (Thermomix o similar), y trituramos. Este punto es el crítico. Se trata de ir añadiendo agua a poca velocidad al principio, y cuando creamos que tenemos una crema relativamente fina y no vayamos a añadir más agua, le demos un último empujón a máxima velocidad, para que lo que quede de calabaza se deshaga y se integre bien con el agua. Así se obtiene la textura fina y suave de la ‘canned pumpkin‘ americana, un puré líquido, un punto medio entre zumo y smoothie.

Para conservarlo, basta con guardarlo en un bote o cuenco bien tapado en el frigorífico, donde puede durar 2 ó 3 días. Para guiaros un poco mejor y a modo de orientación (necesitáis vuestro ojo más que lo que yo pueda decir), 700 gramos de calabaza cruda dan lugar a poco más de 3 cups, y he necesitado aproximadamente 1 cup y media de agua de cocción para obtener el resultado final.

ALGUNOS CONSEJOS

1. Conservar el agua de la calabaza tiene una ventaja muy importante: conservamos lo máximo posible de sabor, cosa que no ocurriría si añadiéramos agua normal al puré. Sobre decirlo, pero por si acaso: no se añade sal o azúcar en ningún momento.

2. Si no tenéis Thermomix o algo parecido, estoy segura de que es posible hacerlo con batidora, pero hay un punto importante que nos perdemos: añadir el agua de forma regular, ya que mientras las aspas van triturando, nosotros podemos añadir cómodamente el agua, y ésta se va integrando uniformemente con el puré. Esto no es posible con una batidora normal.

3. El resultado final huele a rayos fritos, pero este olor no se trasladará a vuestras futuras preparaciones.

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Reto semanal: Croquetas de calabaza con salsa agridulce

Para el reto semanal traigo una receta ideal para un entrante o tapa sorprendente. Curioseando por Internet encontré varios sitios con esta idea, pero la verdad es que ninguno llegó a convencerme completamente. Algunos incorporaban la calabaza como tropezones de las croquetas, otros la incorporaban en la bechamel (aunque de formas más complejas que la que aquí presento)… Así que al final me decidí por crear mi propia receta. Para hacer estas croquetas lo que más se necesita es paciencia (no es una receta para hacer en una tarde, sino de un día para otro)

La verdad es que el resultado ha sido estupendo. Las croquetas son bastante suaves de sabor y textura, por lo que se prestan mucho a acompañarlas con alguna salsa. Me decidí por una sencilla salsa agridulce, que acentúa ligeramente el sabor de la calabaza y le da un toque de frescura muy agradable que contrasta con el espesor habitual de la croqueta. Salieron muchas (teniendo en cuenta que en casa somos dos), así que congelé y ahora tendremos croquetas listas para esos días en los que no queremos hacer algo muy complicado.

Presentación

INGREDIENTES

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PARA LAS CROQUETAS

La bechamel

300 gr. de calabaza + 100 gr. para hacer tropezones

100 gr. de mantequilla

1 cebolla pequeña, muy picada

150 gr. de harina

2 cups de nata para cocinar (~500 ml.)

Sal

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El empanado

Harina

Huevo

Panko (o pan rallado grueso)

PARA LA SALSA AGRIDULCE

1/4 de cup de vinagre de manzana (sino, vinagre frutal)

1/4 de cup de ketchup

1/3 de cup de zumo de piña (sólo piña)

100 gr. de azúcar

1 tsp. de maizena

(Equivalencias: 1/4 de cup -> 60 ml. 1/3 de cup -> 80 ml)

PROCESO

1. Lo primero es hacer los 300 gr. de calabaza puré. Para ello, hervimos la calabaza, y cuando la podamos pinchar con facilidad, escurrimos y trituramos con la batidora. Es conveniente pasar este puré por un colador y quitarle parte del líquido.

2. Mientras se cuece la calabaza, picamos los otros 100 gr. de calabaza en dados pequeños (según cómo te guste el tamaño de los tropezones de las croquetas). Lo sofreímos en un cazo, lo suficiente para que no esté dura pero tampoco demasiado blanda (5 minutos a fuego rápido). Reservamos.

3. En el mismo cazo donde hemos sofreído la calabaza, echamos la cebolla muy picada con una cucharada de aceite, y bajamos el fuego (a fuego bajo). Doramos durante dos o tres minutos, e incorporamos la mantequilla. Dejamos que se derrita completamente.

4. Cuando la mantequilla esté bien derretida, incorporamos la harina poco a poco. Echamos un par de cucharadas, mezclamos bien, echamos otro par de cucharadas… Y así hasta que acabemos la harina.

5. Cuando esté todo bien ligado (seguramente os quede una especie de masa densa), agregamos la nata para cocinar y la sal, y removemos durante unos minutos, hasta que se haya integrado bien con la masa. Cuando esto haya sucedido, incorporamos lo dados de calabaza reservados antes, y removemos, no demasiado para que los dados no se deshagan.

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6. Colocamos la masa resultante en un recipiente, y lo tapamos con papel film o aluminio. Dejamos que se tempere un poco, y después lo colocamos en el frigorífico. La masa tiene que enfriarse completamente para manipularla después (idealmente, debería estar una noche en la nevera)

7. Para la salsa agridulce, ponemos el zumo de piña (frío, preferentemente) y la teaspoon de maizena en un recipiente, removemos un poco y dejamos que se disuelva la maizena en el zumo.

8. Mientras la maizena se disuelve, en un cazo colocamos el ketchup, el vinagre y el azúcar a fuego alto. Cuando empiece a hervir, bajamos el fuego y dejamos que se cocine todo durante diez minutos, removiendo de cuando en cuando.

9. Pasados los diez minutos, incorporamos la mezcla de zumo y maizena, asegurándonos de que cae todo en el cazo (la maizena creará un pequeño poso en el recipiente donde ha estado). Cocemos tres o cuatro minutos a fuego alto, y retiramos del calor. La salsa se espesará un poco al enfriarse, y entonces estará lista para servir.

10. Cuando la masa de las croquetas esté fría, es momento de formar las croquetas. Con una cuchara sacamos la cantidad de masa deseada, le damos forma con las manos y pasamos, sucesivamente, por harina, huevo y panko. Recomiendo refrigerarlas unas horas una vez preparadas.

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11. Freímos las croquetas en abundante aceite muy caliente. En freidora, a 190º cuatro o cinco minutos.

Por dentro

ALGUNOS CONSEJOS

1. Como he dicho al principio de esta entrada, ésta no es una receta rápida. Mi consejo es preparar la bechamel una tarde y dar forma a las croquetas a mediodía o por la mañana del día siguiente. Después de eso, una vez tengamos las croquetas, también es conveniente refrigerarlas durante unas cuantas horas, porque esto es lo que hará que el empanado se selle bien y salgan crujiente una vez fritas, que es precisamente el quid de la cuestión con las croquetas: un interior cremoso en contraste con un exterior crujiente.

2. He visto en otros sitios acompañar las croquetas de calabaza con diversas salsas. A mí me ha parecido que la salsa agridulce es sencilla de hacer y le va muy bien, pero hay muchas otras alternativas (seguramente una salsa de miel y mostaza también vaya muy bien, o tzatziki). Sin duda, debe ser una salsa con sabor pronunciado y característico.

3. Otra alternativa si no queremos servirlas con salsa es incorporar algún tropezón distinto a la calabaza en la bechamel. Yo no he querido arriesgarme porque creo que añadir otro sabor podría eclipsar el sabor de la calabaza, o hacer las croquetas más pesadas.

4. La bechamel es muy densa, prácticamente es una masa. No os asustéis cuando estéis haciéndola. De esta forma, la ventaja es que las croquetas son más fáciles de moldear al gusto, y el acabado final es más agradable visualmente.

5. Yo probé a hacer la bechamel con 150 gr. de mantequilla, y os puedo asegurar que era MUCHA mantequilla. Con 100 gr. el resultado debería ser parecido, pero menos graso.

6. Tanto si freís las croquetas en freidora como si lo hacéis en sartén, una clave es no hacer muchas croquetas de golpe. Se tarda más, pero el resultado es mejor. Si colocamos muchas croquetas en el aceite de golpe, teniendo en cuenta que estarán frías del frigorífico, enfriaremos el aceite y entonces habrá más posibilidades de que nos salgan aceitosas y, por tanto, menos crujientes.

7. Cuando forméis las croquetas, no os mojéis las manos, no es preciso.

Reto semanal: Raviolis de calabaza rellenos de bacon y espinacas

Y lo de raviolis es una forma de hablar, porque a mí me quedaron unas cosas gigantes que no se parecen en nada a los raviolis. En esta ocasión traigo una receta curiosa en la que la calabaza va integrada en la masa de la pasta casera… Al disminuir la proporción de harina, queda una pasta ligera y agradable, aunque el sabor a calabaza se pierde, especialmente si el relleno y la salsa son muy sabrosos, como era el caso. El resultado, aunque no es muy agradable para la vista (falta de técnica, ejem ejem), sí lo es para el paladar.

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Hacer pasta es un auténtico dolor de cabeza. Y ésta es sólo la segunda o tercera vez que hago pasta casera. Sin embargo, quería hacer este intento después de haber visto en algunas páginas a gente que lo hacía y decidí pensar mi propia receta.

INGREDIENTES

PARA LA PASTA

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200 gr. de harina

200 gr. de calabaza

1 huevo L o XL

1 tsp. de sal

PARA EL RELLENO

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100 gr. de espinacas congeladas (descongeladas)

100 gr. de bacon ahumado

1 tsp. de parmesano

25 ml. de nata para cocinar

PARA LA SALSA

200 gr. de queso mascarpone

30 gr. de gorgonzola

25 ml. de nata para cocinar

1 tsp. de ralladura de limón (la ralladura de medio limón, aproximadamente)

20 gr. de nueces, sin cáscara.

PROCESO

1. Lo primero es hacer la pasta. Para ello, hervimos la calabaza hasta que esté tierna pero no deshecha. Cuando podamos pincharla sin que ofrezca resistencia, estará lista. La sacamos del agua, la trituramos y dejamos que se enfríe.

2. Cuando el puré esté frío, lo mezclamos con la harina, el huevo y la sal hasta que quede una masa homogénea. Enharinamos una superficie de trabajo y amasamos la mezcla. Recomiendo enharinarse también las manos.

3. Dejamos reposar en la nevera durante dos horas o más. Pasado ese tiempo, la sacamos de la nevera y la dejamos a temperatura ambiente una media hora.

4. Mientras la masa reposa a temperatura ambiente, hacemos el relleno. Sofreímos el bacon en una sartén a fuego medio-alto, y cuando empiece a soltar un poco de grasa, incorporamos las espinacas. Mezclamos bien y agregamos la teaspoon de parmesano y la nata para cocinar. Dejamos que se cueza hasta que la nata se haya solidificado un poco.

5. Mientras, en una sartén, doramos un poco las nueces, con cuidado de que no se quemen y las reservamos. En un cazo echamos todos los ingredientes de la salsa (excepto las nueces) y los cocemos a fuego fuerte, hasta que los dos quesos se hayan derretido completamente. Ponemos el fuego bajo y removemos de vez en cuando.

6. Cuando la masa esté temperada, la extendemos en dos láminas finas (no demasiado). Ponemos cucharaditas de relleno en una de las láminas, dejando un espacio de un centímetro entre las porciones por sus cuatro lados. Con una brocha de cocina, pintamos con agua los espacios entre las porciones de relleno. Colocamos por encima la otra lámina de pasta. Presionamos para que se pegue y cortamos por los espacios sin relleno.

7. Cocemos la pasta durante unos cinco minutos, aunque dependerá del grosor de vuestra pasta. Para servirlo, colocamos los raviolis en un plato, echamos un poco de salsa por encima y espolvoreamos las nueces por encima de la salsa.

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ALGUNOS CONSEJOS

· Para hacer los raviolis seguí otro proceso y me arrepiento de ello. En mi forma de hacerlos cortaba láminas alargadas, ponía el relleno en un extremo, las cerraba a modo de libro y cortaba. El problema lo vi después: en lugar de raviolis tenía croquetas (o algo parecido)

· La pasta aumentará de tamaño cuando la hayáis cocido. Eso significa que debéis hacerla más pequeña de lo que consideráis que es vuestro tamaño ideal. Yo no lo hice y me quedaron unas croquetas gigantes (sin cocer tenían el tamaño ideal)

· Vais a necesitar mucha harina. La masa de calabaza se pega mucho más que la normal, que ya es decir, así que os recomiendo que tengáis el paquete de harina al lado, y que siempre que manipuléis la pasta, sea con las manos enharinadas y la superficie en la que la vayáis a trabajar también, sin escatimar.

· Es importante que las nueces no se quemen, porque de hacerlo, se amargarán y se convertirán en una sorpresa desagradable en el plato.

· Una variante más sencilla de este plato es incorporar el puré de calabaza en el relleno, sustituyendo a las espinacas, y hacer la pasta con el proceso normal. Queda menos ligera, pero seguramente da menos quebraderos de cabeza. También se pueden variar las proporciones de espinacas y bacon a gusto de cada uno.

Reto semanal: Postre de tiramisú y calabaza

Imaginaos el particular sabor del café fusionado con un bizcocho esponjoso que conserva el dulzor de la calabaza y una suave crema de mascarpone y sirope de arce por encima… Ese particular Paraíso de sabores es éste postre. Cuando vi la receta en bhg.com, supe que iba a ser un éxito… Aunque eso sí, un éxito bastante trabajoso y con algunas modificaciones circunstanciales. La calabaza es ideal para hacer postres, porque tiene un sabor dulce que combina muy bien con especias y aporta un toque meloso a los bizcochos.

El postre puso la guinda a un menú italiano que empezaba con una ensalada caprese y pesto de albahaca y tenía como plato principal un risotto de setas, y sin duda fue lo mejor de toda la cena (como tiene que ser, todo el mundo siempre hace sitio para el postre ;)). El caso es que en la receta original se servía como una pastel en capas, cosa que me parece acertada cuando hay quince personas en la mesa, pero para una cena tranquila de dos personas, me parecía más agradable e íntimo servirlo en modo individual, en estas copas de cóctel. Con lo que sobró hice una prueba para hacer este mismo postre en platos, y aunque es ligeramente más fácil de montar, también es más cargante (más crema de mascarpone, para cubrir los lados) y también más fácil que se desmonte.

Postre de tiramisú y calabaza

INGREDIENTES

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PARA EL BIZCOCHO

Bizcocho

3 Huevos (a temperatura ambiente, unos 30 min. fuera de la nevera)

1 cup de harina

2 tsp. de canela molida

1 tsp. de levadura química

1 tsp. de jengibre molido

1/2 tsp. de sal

1/2 tsp. de nuez moscada

1 cup de azúcar

100 gr. de calabaza picada muy fina

1 tsp. de zumo de limón

1 cup de avellanas picadas finas.

PARA EL SIROPE DE CAFÉ

1/2 cup de azúcar

1/2 cup de agua

2 tbsp. de café en polvo

1 tbsp. de amaretto (yo no tenía, y utilicé brandy en su lugar, queda muy bien también)

PARA LA CREMA DE MASCARPONE

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2 cups de nata (sin montar)

200 gr. de queso mascarpone

1/4 de cup de sirope de arce

(tsp. -> teaspoon; tbsp. -> tablespoon. 1 tsp -> 5 ml. 1 tbsp. -> 15 ml. 1 cup -> 250 ml.)

PROCESO

1. Primero haremos el sirope de café y la crema de mascarpone:

  • Para el sirope, coloca el agua, el azucar y el café en una cazuela pequeña a fuego medio. Remuévelo para que el azúcar se disuelva bien. Cuando rompa a hervir, apártalo del fuego e incorpora el amaretto (o el brandy, en mi caso) y remueve bien. Reservar.
  • Para la crema de mascarpone, en un bol bate la nata hasta que esté un poco espumosa. Incorpora el mascarpone y el sirope de arce y bátelo todo hasta que quede una mezcla consistente pero con cierta fluidez, que forme puntas ligeramente rizadas cuando saques las varillas con las crema en ellas. Si lo haces en thermomix, echa todos los ingredientes en el vaso y bate a velocidad 6 durante unos 15 segundos. Reservar.

2. Engrasa una bandeja de horno con un poco de mantequilla, coloca encima papel sulfurizado y engrasa este papel con un poco más de mantequilla. Reservar.

2. En un bol, mezcla los ingredientes secos del bizcocho: harina, canela, levadura, jengibre, sal y nuez moscada.

3. Precalienta el horno a 190ºC.

4. Con una batidora o con la thermomix, bate los tres huevos juntos a velocidad rápida durante 5  minutos, o hasta que se forme una mezcla  consistente y ligeramente espesa de color amarillento. Añade gradualmente el azúcar a velocidad media, hasta obtener una mezcla ligera y espumosa. Incorpora la calabaza y el zumo de limón. Añade la mezcla de harina y especias a velocidad baja, hasta que todo este bien combinado.

5. Vuelca la masa (que quedará ligeramente líquida, tipo batter) sobre la bandeja que preparaste antes, y espolvorea por encima uniformemente las avellanas picadas. Reserva un poco de avellanas para poder decorar luego.

6. Hornea durante 15 minutos, o hasta que la masa rebote cuando la toques.

7. Saca la bandeja del horno y después el papel de la bandeja de horno. Si haces el postre en vasos o copas, empieza con una capa fina de crema de mascarpone. Con aros de emplatar (o vasos, o recipientes circulares del tamaño que desees), corta círculos de la masa, cógelos con una espátula y colócalos en el vaso de cóctel (o en el plato), sobre la crema de mascarpone. Echa un poco de sirope de café encima del bizcocho y cubre con crema de mascarpone. Repite este proceso hasta llenar las copas, o hasta acabar el bizcocho.

8. Espolvorea un poco de avellanas picadas por encima y chocolate amargo rallado. Refrigera en la nevera entre 2 y 24 horas.

ALGUNOS CONSEJOS

· Engrasar la mantequilla y el papel es un paso muy importante. La masa resultante es muy pegajosa una vez horneada, así que saltarse este paso equivale a pasar luego un mal rato para montar el postre.

· A pesar de que hablo de sirope de café, es un sirope que no debe quedar muy espeso. La razón es sencilla. La gracia del tiramisú es que el bizcocho se ha embebido completamente del sirope, si éste es muy espeso, en lugar de absorberse lo que sucederá es que se extenderá por encima pero no llegará a absorberse, complicando luego colocar la crema de mascarpone sin que ésta se diluya y quede una mezcla informe y poco atractiva.

· Al incorporar calabaza fresca y no enlatada como propone la receta original, ganamos en sabor, pero también en humedad. La calabaza es un vegetal con mucha agua, y hay que tener esto en cuenta a la hora de hacer la masa. Yo he aumentado en la receta la harina, pero vosotros mismos debéis juzgar si vuestra masa necesita un poco más de harina o no conforme la vayáis preparando. Lo importante es que quede una masa fluida pero no muy aguada.

· Casi cualquier fruto seco combinará bien con el bizcocho. Si no queréis avellanas, las almendras o las nueces cumplirán una función parecida: dar un pequeño toque crujiente al conjunto.

· Si hacéis el postre como yo, en copas de cóctel, debéis tener en cuenta que las copas son más estrechas en la base que en la boca, de modo que debéis cortar los círculos de diferente tamaño. Si queréis que quede visualmente atractivo, es importante que los círculos que cortéis sean lo suficientemente grandes como para que toquen las paredes de la copa, y al mirarlo de lado se aprecien las capas.

· Cuando montéis el postre, procurad que el bizcocho tenga sirope de café por todo, no sólo por el centro. El contraste entre el café y la calabaza es delicioso.

· La refrigeración es un paso muy importante. El mínimo es de dos horas, pero con dos horas os garantizo que no queda tan bien como con unas cuantas más (y lo sé porque lo he probado). Lo ideal es prepararlo por la mañana y tomarlo por la noche, o prepararlo una tarde y tomarlo en el postre de la comida del día siguiente. El objetivo es que la crema quede un poco consistente y el bizcocho haya tenido suficiente tiempo para “macerar” un  poco en el sirope de café.

· Si os sobra bizcocho, podéis usar vuestra imaginación y convertirlo en pastelitos de café, cakepops… Lo que se os ocurra. Si os sobre crema de mascarpone, es una mezcla perfecta para hacer buttercream para cupcakes.

Layers

Reto semanal: Curry de pollo y calabaza

Para el reto semanal he escogido esta receta que incorpora calabaza en un plato de inspiración india. Encontré una receta que me resultó atractiva, pero a la que le he hecho unas modificaciones para que sea más asequible y fácil de hacer (la original está aquí). Como veréis, no es muy apetecible a primera vista, pero el sabor es espectacular:

Curry con calabaza

INGREDIENTES

2 tbsp. de aceite de oliva

1 pechuga de pollo por persona, cortada en dados pequeños

1 cebolla picada

2 dientes de ajo machacados

2 cm. de jengibre fresco, picado

1 tsp. cilantro seco molido

1 tsp. comino molido

1 tsp. garam masala

1 tsp. azúcar moreno

1/2 tsp. cúrcuma

1/8 tsp. de cayena

200 gr. calabaza en dados pequeños

1 cup y media de caldo de pollo

1/2 cup de nata para cocinar

(tsp. -> teaspoon tbsp. -> tablespoon)

PROCESO

1. Cocinar los dados de pollo en una tablespoon de aceite de oliva a fuego medio-alto. Se trata de que se doren, pero no tienen que cocinarse completamente. Reservarlos.

2. En la misma sartén donde se ha cocinado el pollo, echar la otra tablespoon de aceite y calentarla. Incorporar la cebolla, los ajos machacados, el jengibre y cocinarlos a fuego medio-bajo durante 3 minutos. Yo aconsejo que una vez pasados estos minutos se retire el jengibre.

3. Añadir las especias (cilantro molido, comino molido, garam masala, cúrcuma y cayena) y remover bien. Añadir el azúcar moreno y mezclarlo todo.

4. Incorporar los cubos de calabaza y saltarlos con las especias para que queden bien impregnados. Yo recomiendo dejar que la calabaza se sofría un poco con todo.

5. Por último, añadir el caldo (mejor si está un poco caliente), la nata para cocinar y el pollo reservado, subir el fuego y cuando empiece a hervir la salsa, bajar a fuego lento y cubrirlo. El tiempo de cocción dependerá de si la calabaza está a temperatura ambiente o viene fría de la nevera. Para la calabaza a temperatura ambiente (y previamente sofrita con las especias) entre 10-15 minutos es un tiempo razonable si queremos tener tropezones de calabaza en el plato. Si está fría, con 20 minutos deberíamos obtener un resultado parecido. Es importante que el líquido de la salsa se haya evaporado un poco y se haya espesado, si no es así, recomiendo subir el fuego unos minutos y destapar la sartén.

6. Servir sobre arroz basmati hervido.

ALGUNOS CONSEJOS

· Puede parecer que un octavo de teaspoon es poca cayena, pero os  aseguro que con sólo un octavo ya se nota bien el picante. Si no os gusta el picante en absoluto, os recomiendo sustituir la cayena por una teaspoon de curry suave.

· Retirar el jengibre es opcional, pero yo lo recomiendo, porque no siempre resulta agradable encontrarse un trozo de jengibre en la boca por sorpresa (tened en cuenta que una vez cocinado todo no se distingue qué es qué).

· Aunque he dado unos tiempos de cocción relativamente precisos, hace falta estar pendiente y tener claro lo que quieres. La calabaza tiene mucha facilidad para integrarse con la salsa y deshacerse, si queréis que os quede algún tropezón, tendréis que estar atentos a su textura mientras se esté cociendo. Si no, lo más seguro es que tengáis algo parecido a lo que yo logré (no tiene muy buena pinta visualmente, pero de sabor estaba riquísimo).

· En la receta original no se incorpora curry propiamente dicho (como sabéis, el curry también es un plato en sí). Yo no he echado curry, pero en su lugar he echado garam masala (y si no la tenéis en casa, es una mezcla muy recomendable)

· Yo lo he servido sobre arroz basmati hervido. También es una buena alternativa servirlo con pan naan.

Para la semana que viene tengo prevista una receta para incorporar la calabaza en un postre, engordaréis sólo de leerla, así que cuidado 😉