I ❤ Food: Toque griego

Antes que nada, disculpad el silencio por aquí estos días, pero servidora está en su tierra natal de celebración y hay poco tiempo para tener atendido el blog. Aprovecho este ratito que tengo para mostrar dos nuevas imágenes del proyecto fotográfico de primavera.

Toque griego II

En este caso no es algo concreto, sino la mezcla de unos cuantos ingredientes para lograr un sabor griego, muy mediterráneo: queso feta, aceitunas negras, tomates cherry (también pueden ser normales), cebolleta, un poco de zumo de limón y orégano. Esta combinación de ingredientes se puede aplicar en muchas cosas. En las fotos que os muestro lo he mezclado con un poco de quinoa para una ensalada de mediodía, logrando un plato equilibrado y que sacia bastante.

Sin embargo, hay muchas opciones. Se puede combinar con pasta y dejarlo a enfriar para una ensalada de verano rápida y muy sabrosa. También es posible servir esto como acompañamiento a unas brochetas de pollo previamente marinadas en limón, orégano y tomillo. Otra opción es incluirlo en un pan de pita con un poco de salsa de yogur, para un plato sencillo y que nos podemos llevar si tenemos que salir de casa.  Incluso se le puede añadir algún ingrediente más, como el pepino, y aumentar así la frescura y la cantidad de nutrientes que obtenemos, respetando el sabor característico. La verdad es que sólo hay que echarle un poco de imaginación.

Toque griego

I ❤ Food: Granola casera

Siempre tuve ciertas reticencias hacia la avena y todas las cosas que se le asemejaran. Cuando era pequeña, mi madre intentó una vez que desayunáramos sano: yogur, avena, y esas cosas. A la semana lo tuvo que dejar porque hasta yo, que era un rayo desayunando, tenía serias dificultades para comerme aquello en un tiempo razonable. Es lógico si piensas en un niño que ha estado acostumbrado toda su vida a desayunar leche (con cacao o sin él) y tostadas, cereales o galletas. Desde entonces, la avena y yo mantuvimos una cortés distancia.

Granola casera

Hasta hace relativamente poco. Ya os enseñé en su momento una forma de hacer barritas de granola caseras, y en esta ocasión os muestro una foto de otra granola distinta, en este caso más suelta, e ideal para usarla como desayuno por las mañanas. La receta la encontré aquí, y le hice los siguientes cambios:

  • Hice la mitad de las cantidad, y para dos personas hemos tenido suficiente para 3 semanas, desayunándola casi todos los días.
  • Prescindí del germen de trigo, y coloqué algo más de salvado de avena.
  • Ya que incorporaba nueces pecanas, repetir con nueces normales me parecía algo redundante y las sustituí por avellanas.
  • Los arándanos secos me parecen muy opcionales, y los retiraré la próxima vez que haga esta receta.

Os preguntaréis qué tiene de bueno desayunar esto por las mañanas. Seguramente algunos arruguéis la nariz ante la idea de que os quiten el croissant o las magdalenas de siempre. Lo bueno que tiene la granola es que los carbohidratos que la componen son fundamentalmente de absorción lenta, lo que significa que permaneceremos saciados durante más tiempo, y además la avena es una fuente estupenda de proteínas. Por otro lado, esta granola ya incorpora azúcares, así que la podemos utilizar para endulzar yogures naturales, sin necesidad de añadir más azúcar y, por tanto, calorías vacías.

Mi forma favorita de tomarla es con un yogur griego y fruta fresca (normalmente bayas: arándanos, frambuesas…). Si no podéis renunciar al dulce por la mañana en absoluto, una buena idea es emparejarla con fresas maduras, plátanos o uvas, que aportan azúcar pero también fibra y vitaminas. Un yogur con granola no riñe en absoluto con una taza de café o un vaso de zumo de fruta recién exprimido en caso de que no queráis comer fruta sólida por las mañanas, así que ya sabéis, no hay excusas 😉

I ❤ Food: Fresas con nata

Aquí vamos con la primera foto del proyecto fotográfico de esta primavera… ¡Fresas con nata!

Fresas con nata

Me inspiré en este pin para llevar a cabo esta idea. Estas fresas son un poco más originales que las habituales por varias razones:

1. La forma de presentarlas. Con un melon baller (¿cuál sería la traducción apropiada para ese útil de cocina?) vaciamos las fresas por dentro, y con una manga pastelera las rellenamos con nata montada. Por supuesto, es más fácil cuanto más grande sea la fresa.

2. La nata, montada casera, y además con un poco de sirope de arce en lugar de con azúcar. El resultado es agradable y peculiar.

3. Por último, para contrastar la frescura de la fresa y complementar el sabor del sirope de arce, una nuez pecana.

Quedan genial para un postre un poco especial y de temporada. No cuestan mucho de hacer (especialmente si se hace entre dos: uno monta la nata y el otro va vaciando fresas). Y además, lo que vaciamos de las fresas es precisamente el centro, que es también la parte más ácida. Todo ventajas, señores. Para que se queden de pie, se puede cortar un poquito la punta de la fresa, si no, se pueden presentar tumbadas.

Recetas de invierno: Mac and Cheese con batata

… y guisantes. Sí.

Final II

Llevábamos unos días con antojo de este plato típico de EE.UU, pero claro, es un plato tremendamente pesado y que tiene todo lo que alguien que quiere perder peso debería evitar o dosificar. Afortunadamente, hace poco me encontré con esta receta en EatingWell, y pudimos poner fin a nuestro antojo, pero más light y además mucho más nutritivo (que es lo que realmente cuenta).

Estos Mac&Cheese tienen el mismo aspecto que el plato estándar (salvo por los guisantes), pero el sabor despista mucho. Aunque evidentemente se nota algo de queso, la batata y los guisantes le dan un twist dulzón inesperado. Quizá no es para todos los paladares, pero a los que estéis haciendo dietas os puede solucionar fácilmente un antojo de pasta (en este caso, no pusimos pasta integral porque no encontramos una de forma apropiada, pero para hacerlo aún más suave se podría hacer esa sustitución)

A la receta original le he hecho unas cuantas modificaciones para obtener más sabor y textura.

INGREDIENTES

Ingredientes II

  • 200 gramos de pasta (nosotros escogimos mini pipe rigate)
  • 1  batata mediana
  • 2 cups de leche semidesnatada
  • 2 tablespoons de harina
  • 1 diente de ajo pequeño, picado
  • 1 cup y 1/4 de queso cheddar
  • 1 teaspoon de sal
  • 1/2 cup de guisantes congelados, descongelados
  • Un poco de emmental rallado

PROCESO

1. Precalienta el grill del horno a 250ºC. Pon un poco de aceite en la fuente que vayas a usar para gratinar la pasta y extiéndelo con una brocha de cocina o similar.

2. Cuece la pasta siguiendo las instrucciones del fabricante. Recuerda mojarla un poco con agua fría al escurrirla, para que no se pegue.

3. Pincha la batata con un tenedor por varios sitios, y ponla a temperatura máxima en el microondas durante unos 5 minutos, hasta que puedas pincharla completamente con el tenedor sin que oponga resistencia (recuerda que las batatas NO deben guardarse en el frigorífico). Con una cuchara, saca la pulpa de la batata y descarta la piel. Deja que se enfríe.

Ingredientes

4. En un cazo grande, vierte la leche, la harina y el ajo picado finamente. Ponlo a fuego medio, removiéndolo frecuentemente con unas varillas, hasta que humee, pero no debe hervir.

5. Cuando humee, apártalo del fuego e incorpora la batata (que se habrá enfriado). Con una batidora, bate la mezcla de batata y leche hasta que queden bien integradas y no haya trozos de batata. Vuelve a ponerlo al fuego.

6. Añade el cheddar y la sal y remuévelo hasta que el cheddar esté completamente derretido. Añade la pasta y los guisantes. Remueve bien para que todo quede cubierto.

7. Pásalo a la bandeja que engrasaste con aceite al principio, añade un poco de emmental rallado y mételo en el horno.

8. Déjalo gratinar de 2 a 5 minutos, o hasta que aparezca una capa tostada por encima de la pasta.

Final

Recetas de invierno: Quesadilla de batata y jamón de Parma

Hacía ya mucho tiempo que no ponía por aquí una receta, y hoy traigo una de creación propia, muy sencilla de preparar y deliciosa.

Las quesadillas (las saladas) son un plato propio de la comida mexicana, y, aunque estoy segura de que existe una receta “tradicional”, la verdad es que son tremendamente versátiles, ya que los ingredientes básicos son las tortillas de maíz y el queso. A partir de ahí se pueden hacer muchas pruebas. Es difícil hacer mal una quesadilla, son un plato barato y, si no nos queremos calentar mucho la cabeza, pueden hacerse rápidamente.

Final

En esta ocasión he hecho una apuesta segura, ya que el dulzor y la textura de la batata combinan muy bien con el jamón salado, y la mozzarella derretida aporta ese punto de suavidad que liga todos los sabores en la boca. La verdad es que es un plato muy sabroso que requiere poco esfuerzo.

Ingredientes

INGREDIENTES

  • 300 gr. de mozzarella para cocinar
  • 3 batatas pequeñas o 2 medianas
  • 75 gramos de jamón de Parma (o ibérico, mucho mejor, pero se nos había acabado)
  • 8 tortillas de trigo (para dos personas, 2 tortillas por quesadilla)
  • 1/2 teaspoon de comino
  • 1/2 teaspoon de pimentón
  • 1/4 teaspoon de ajo en polvo
  • un poco de aceite de oliva
  • sal

PROCESO

1. Lo primero es cocinar la batata. La pelamos y la cortamos en dados pequeños. Para conservar mejor su textura y su sabor, la batata que vamos a machacar debe cocinarse al vapor. De esa forma, no se nos agua tanto como si la cociéramos, perdiendo parte de su textura, y tampoco cuesta tanto de cocinar como si la hiciéramos al horno (esto lo aprendí en Good Eats, programa recomendable si te gusta la cocina). Se necesita bastante agua, así que es recomendable cocinarlas en una olla de boca grande y procurando que la batata quede más o menos extendida en la superficie, que no se monten los trozos.

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2. Cuando la batata esté lista, aproximadamente unos 20 minutos después, escurrimos un poco y trituramos con la batidora. Personalmente, me gusta encontrarme tropezones, por lo que usé la batidora sólo un poco al principio, y acabé con el tenedor. Cuando la tengamos machacada, añadimos un poco de sal, y las tres especias (comino, pimentón y ajo en polvo), esto le dará un deje de comida mexicana muy agradable. Eso sí, no os paséis demasiado porque entonces eclipsará el sabor del jamón.

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3. La siguiente parte es bien fácil: untamos la cara de una tortita de maíz con batata, colocamos jamón de Parma, mozzarella, y cerramos con otra tortita.

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Mozzarella II

4. Ya sólo queda untarla con un poco de aceite por encima y ponerla al grill (previamente calentado, al máximo). Yo la he hecho en grill, pero es posible hacerla en una plancha normal y corriente, la ventaja del grill es que hace los dos lados a la vez y mientras una quesadilla se hace, puedes ir preparando la otra, ahorrándote también problemas estructurales para darle la vuelta.

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Una vez hechas, se pueden cortar con un cortador de pizzas para que queden cómodos triángulos que hacen más fácil el comerlas, y también para que sea más fácil presentarlas en el plato.

Reto semanal: Croquetas de calabaza con salsa agridulce

Para el reto semanal traigo una receta ideal para un entrante o tapa sorprendente. Curioseando por Internet encontré varios sitios con esta idea, pero la verdad es que ninguno llegó a convencerme completamente. Algunos incorporaban la calabaza como tropezones de las croquetas, otros la incorporaban en la bechamel (aunque de formas más complejas que la que aquí presento)… Así que al final me decidí por crear mi propia receta. Para hacer estas croquetas lo que más se necesita es paciencia (no es una receta para hacer en una tarde, sino de un día para otro)

La verdad es que el resultado ha sido estupendo. Las croquetas son bastante suaves de sabor y textura, por lo que se prestan mucho a acompañarlas con alguna salsa. Me decidí por una sencilla salsa agridulce, que acentúa ligeramente el sabor de la calabaza y le da un toque de frescura muy agradable que contrasta con el espesor habitual de la croqueta. Salieron muchas (teniendo en cuenta que en casa somos dos), así que congelé y ahora tendremos croquetas listas para esos días en los que no queremos hacer algo muy complicado.

Presentación

INGREDIENTES

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PARA LAS CROQUETAS

La bechamel

300 gr. de calabaza + 100 gr. para hacer tropezones

100 gr. de mantequilla

1 cebolla pequeña, muy picada

150 gr. de harina

2 cups de nata para cocinar (~500 ml.)

Sal

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El empanado

Harina

Huevo

Panko (o pan rallado grueso)

PARA LA SALSA AGRIDULCE

1/4 de cup de vinagre de manzana (sino, vinagre frutal)

1/4 de cup de ketchup

1/3 de cup de zumo de piña (sólo piña)

100 gr. de azúcar

1 tsp. de maizena

(Equivalencias: 1/4 de cup -> 60 ml. 1/3 de cup -> 80 ml)

PROCESO

1. Lo primero es hacer los 300 gr. de calabaza puré. Para ello, hervimos la calabaza, y cuando la podamos pinchar con facilidad, escurrimos y trituramos con la batidora. Es conveniente pasar este puré por un colador y quitarle parte del líquido.

2. Mientras se cuece la calabaza, picamos los otros 100 gr. de calabaza en dados pequeños (según cómo te guste el tamaño de los tropezones de las croquetas). Lo sofreímos en un cazo, lo suficiente para que no esté dura pero tampoco demasiado blanda (5 minutos a fuego rápido). Reservamos.

3. En el mismo cazo donde hemos sofreído la calabaza, echamos la cebolla muy picada con una cucharada de aceite, y bajamos el fuego (a fuego bajo). Doramos durante dos o tres minutos, e incorporamos la mantequilla. Dejamos que se derrita completamente.

4. Cuando la mantequilla esté bien derretida, incorporamos la harina poco a poco. Echamos un par de cucharadas, mezclamos bien, echamos otro par de cucharadas… Y así hasta que acabemos la harina.

5. Cuando esté todo bien ligado (seguramente os quede una especie de masa densa), agregamos la nata para cocinar y la sal, y removemos durante unos minutos, hasta que se haya integrado bien con la masa. Cuando esto haya sucedido, incorporamos lo dados de calabaza reservados antes, y removemos, no demasiado para que los dados no se deshagan.

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6. Colocamos la masa resultante en un recipiente, y lo tapamos con papel film o aluminio. Dejamos que se tempere un poco, y después lo colocamos en el frigorífico. La masa tiene que enfriarse completamente para manipularla después (idealmente, debería estar una noche en la nevera)

7. Para la salsa agridulce, ponemos el zumo de piña (frío, preferentemente) y la teaspoon de maizena en un recipiente, removemos un poco y dejamos que se disuelva la maizena en el zumo.

8. Mientras la maizena se disuelve, en un cazo colocamos el ketchup, el vinagre y el azúcar a fuego alto. Cuando empiece a hervir, bajamos el fuego y dejamos que se cocine todo durante diez minutos, removiendo de cuando en cuando.

9. Pasados los diez minutos, incorporamos la mezcla de zumo y maizena, asegurándonos de que cae todo en el cazo (la maizena creará un pequeño poso en el recipiente donde ha estado). Cocemos tres o cuatro minutos a fuego alto, y retiramos del calor. La salsa se espesará un poco al enfriarse, y entonces estará lista para servir.

10. Cuando la masa de las croquetas esté fría, es momento de formar las croquetas. Con una cuchara sacamos la cantidad de masa deseada, le damos forma con las manos y pasamos, sucesivamente, por harina, huevo y panko. Recomiendo refrigerarlas unas horas una vez preparadas.

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11. Freímos las croquetas en abundante aceite muy caliente. En freidora, a 190º cuatro o cinco minutos.

Por dentro

ALGUNOS CONSEJOS

1. Como he dicho al principio de esta entrada, ésta no es una receta rápida. Mi consejo es preparar la bechamel una tarde y dar forma a las croquetas a mediodía o por la mañana del día siguiente. Después de eso, una vez tengamos las croquetas, también es conveniente refrigerarlas durante unas cuantas horas, porque esto es lo que hará que el empanado se selle bien y salgan crujiente una vez fritas, que es precisamente el quid de la cuestión con las croquetas: un interior cremoso en contraste con un exterior crujiente.

2. He visto en otros sitios acompañar las croquetas de calabaza con diversas salsas. A mí me ha parecido que la salsa agridulce es sencilla de hacer y le va muy bien, pero hay muchas otras alternativas (seguramente una salsa de miel y mostaza también vaya muy bien, o tzatziki). Sin duda, debe ser una salsa con sabor pronunciado y característico.

3. Otra alternativa si no queremos servirlas con salsa es incorporar algún tropezón distinto a la calabaza en la bechamel. Yo no he querido arriesgarme porque creo que añadir otro sabor podría eclipsar el sabor de la calabaza, o hacer las croquetas más pesadas.

4. La bechamel es muy densa, prácticamente es una masa. No os asustéis cuando estéis haciéndola. De esta forma, la ventaja es que las croquetas son más fáciles de moldear al gusto, y el acabado final es más agradable visualmente.

5. Yo probé a hacer la bechamel con 150 gr. de mantequilla, y os puedo asegurar que era MUCHA mantequilla. Con 100 gr. el resultado debería ser parecido, pero menos graso.

6. Tanto si freís las croquetas en freidora como si lo hacéis en sartén, una clave es no hacer muchas croquetas de golpe. Se tarda más, pero el resultado es mejor. Si colocamos muchas croquetas en el aceite de golpe, teniendo en cuenta que estarán frías del frigorífico, enfriaremos el aceite y entonces habrá más posibilidades de que nos salgan aceitosas y, por tanto, menos crujientes.

7. Cuando forméis las croquetas, no os mojéis las manos, no es preciso.

Reto semanal: Raviolis de calabaza rellenos de bacon y espinacas

Y lo de raviolis es una forma de hablar, porque a mí me quedaron unas cosas gigantes que no se parecen en nada a los raviolis. En esta ocasión traigo una receta curiosa en la que la calabaza va integrada en la masa de la pasta casera… Al disminuir la proporción de harina, queda una pasta ligera y agradable, aunque el sabor a calabaza se pierde, especialmente si el relleno y la salsa son muy sabrosos, como era el caso. El resultado, aunque no es muy agradable para la vista (falta de técnica, ejem ejem), sí lo es para el paladar.

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Hacer pasta es un auténtico dolor de cabeza. Y ésta es sólo la segunda o tercera vez que hago pasta casera. Sin embargo, quería hacer este intento después de haber visto en algunas páginas a gente que lo hacía y decidí pensar mi propia receta.

INGREDIENTES

PARA LA PASTA

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200 gr. de harina

200 gr. de calabaza

1 huevo L o XL

1 tsp. de sal

PARA EL RELLENO

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100 gr. de espinacas congeladas (descongeladas)

100 gr. de bacon ahumado

1 tsp. de parmesano

25 ml. de nata para cocinar

PARA LA SALSA

200 gr. de queso mascarpone

30 gr. de gorgonzola

25 ml. de nata para cocinar

1 tsp. de ralladura de limón (la ralladura de medio limón, aproximadamente)

20 gr. de nueces, sin cáscara.

PROCESO

1. Lo primero es hacer la pasta. Para ello, hervimos la calabaza hasta que esté tierna pero no deshecha. Cuando podamos pincharla sin que ofrezca resistencia, estará lista. La sacamos del agua, la trituramos y dejamos que se enfríe.

2. Cuando el puré esté frío, lo mezclamos con la harina, el huevo y la sal hasta que quede una masa homogénea. Enharinamos una superficie de trabajo y amasamos la mezcla. Recomiendo enharinarse también las manos.

3. Dejamos reposar en la nevera durante dos horas o más. Pasado ese tiempo, la sacamos de la nevera y la dejamos a temperatura ambiente una media hora.

4. Mientras la masa reposa a temperatura ambiente, hacemos el relleno. Sofreímos el bacon en una sartén a fuego medio-alto, y cuando empiece a soltar un poco de grasa, incorporamos las espinacas. Mezclamos bien y agregamos la teaspoon de parmesano y la nata para cocinar. Dejamos que se cueza hasta que la nata se haya solidificado un poco.

5. Mientras, en una sartén, doramos un poco las nueces, con cuidado de que no se quemen y las reservamos. En un cazo echamos todos los ingredientes de la salsa (excepto las nueces) y los cocemos a fuego fuerte, hasta que los dos quesos se hayan derretido completamente. Ponemos el fuego bajo y removemos de vez en cuando.

6. Cuando la masa esté temperada, la extendemos en dos láminas finas (no demasiado). Ponemos cucharaditas de relleno en una de las láminas, dejando un espacio de un centímetro entre las porciones por sus cuatro lados. Con una brocha de cocina, pintamos con agua los espacios entre las porciones de relleno. Colocamos por encima la otra lámina de pasta. Presionamos para que se pegue y cortamos por los espacios sin relleno.

7. Cocemos la pasta durante unos cinco minutos, aunque dependerá del grosor de vuestra pasta. Para servirlo, colocamos los raviolis en un plato, echamos un poco de salsa por encima y espolvoreamos las nueces por encima de la salsa.

Sin título

ALGUNOS CONSEJOS

· Para hacer los raviolis seguí otro proceso y me arrepiento de ello. En mi forma de hacerlos cortaba láminas alargadas, ponía el relleno en un extremo, las cerraba a modo de libro y cortaba. El problema lo vi después: en lugar de raviolis tenía croquetas (o algo parecido)

· La pasta aumentará de tamaño cuando la hayáis cocido. Eso significa que debéis hacerla más pequeña de lo que consideráis que es vuestro tamaño ideal. Yo no lo hice y me quedaron unas croquetas gigantes (sin cocer tenían el tamaño ideal)

· Vais a necesitar mucha harina. La masa de calabaza se pega mucho más que la normal, que ya es decir, así que os recomiendo que tengáis el paquete de harina al lado, y que siempre que manipuléis la pasta, sea con las manos enharinadas y la superficie en la que la vayáis a trabajar también, sin escatimar.

· Es importante que las nueces no se quemen, porque de hacerlo, se amargarán y se convertirán en una sorpresa desagradable en el plato.

· Una variante más sencilla de este plato es incorporar el puré de calabaza en el relleno, sustituyendo a las espinacas, y hacer la pasta con el proceso normal. Queda menos ligera, pero seguramente da menos quebraderos de cabeza. También se pueden variar las proporciones de espinacas y bacon a gusto de cada uno.