Transformando un mueble de Ikea

Inicialmente quería catalogar este post dentro de una de las actividades de esta primavera, el découpage. Pero la verdad es que al final he decidido catalogarlo aparte, ya que con él me lanzo a explorar una nueva faceta creativa: transformar muebles y otros objetos. Se podría decir que es parecido a restaurarlo, aunque en realidad en este caso el mueble no estaba en mal estado, simplemente consideré que necesitaba un “cambio de look“. Ahora queda mejor en el comedor, haciendo juego con la alacena.

Pero a lo que vamos. Esta vez, en lugar de poner los materiales y el proceso con instrucciones os iré contando cómo fue hacerlo, incidiendo más en mi experiencia propia que en cómo conseguir algo igual.

ANTES

Antes

DESPUÉS

 

Final I

 

Final II

 

El modelo que transformé es el carrito FÖRHÖJA de Ikea. Como podéis ver, lo compramos para poder poner ahí la máquina de café y todos sus complementos habituales (tazas, cápsulas, edulcorantes…). El diseño del mueble es muy característico de Ikea: muebles sencillos, funcionales y no muy ornamentados que nos transportan a los países nórdicos. Sin embargo, para un comedor en blanco con algún acento marrón, este mueble desentonaba un poco. Deshacernos de él estaba fuera de toda cuestión: el mueble está en perfecto estado, no es viejo.

Para darle un nuevo aire, combiné capas de pintura acrílica para madera con découpage de tela (en la superficie superior) y servilletas (detalles de los cajones y las barras del primer nivel). En este caso particular no hizo falta lijar nada, aunque suele ser recomendable antes de pintar, porque el mueble no tenía ninguna capa previa de barniz ni ningún tratamiento químico. Al tacto resultaba ligeramente áspero, poroso, ideal para la pintura. Por otro lado, no pinté el interior de los cajones ni aquellas partes que iban a ser menos visibles.

Pintar de blanco

 

Para un buen acabado, necesité hasta tres capas de pintura, especialmente en las partes más visibles. Pinté el mueble con un rodillo de esponja, de forma que no quedaron marcas de pelo como suele suceder con una brocha, y además con la esponja del rodillo, apretando un poco hacia delante, se podía extender la pintura por los recovecos. También podéis ver que utilicé un plástico protector para pintar, cosa que recomiendo encarecidamente. Sobre todo si tienes la deplorable idea de hacer esto en el salón de tu casa.

Una vez la pintura estaba completamente seca, hice el découpage de tela de la parte superior. Primero medí el mueble y corté la tela necesaria, para después plancharla a vapor. Esto me pareció importante porque la tela de algodón, la ideal para este tipo de trabajos, se arruga con facilidad y eso complica mucho un acabado perfecto. Para colocarla, extendí la tela sobre la superficie, aplanándola con la mano, levanté un lado, apliqué cola de base de agua, coloqué cuidadosamente la tela por encima, estirando del lado contrario, y la alisé con la mano, evitando que quedaran arrugas. Después levanté el lado contrario al pegado, y, siguiendo por donde ya había pegado la tela, fui colocando por sectores la tela que quedaba, alisando bien y estirando con cada nueva aplicación. Me sobró un poco de tela al final que tuve que cortar con mucho cuidado, a pesar de que la medida que hice era casi exacta, pero la tela con la que trabajé tenía cierta elasticidad, y al estirar un poco en cada aplicación de cola iba generando un poco de tejido de sobra. En este caso, para esparcir la cola tanto por la madera como por el tejido, utilicé una especie de paleta de esponja, que es recomendable para cuando se hace découpage en superficies medianas o grandes.

Decoupage tela

 

Para seguir utilizando este mueble con la máquina de café, hicieron falta hasta cuatro capas de cola de base de agua por encima de la tela, dejando un tiempo de secado entre medias, de modo que se quedó “plastificada”, algo parecido a un mantel, pero sin perder esa textura de tejido que quería para el mueble. Tras una semana de uso, puedo asegurar que las manchas se van con un trapo húmedo sin dejar casi marca.

Después hice los detalles de los cajones y las barras del primer nivel, con un pincel apropiado y siguiendo el mismo procedimiento que en otras ocasiones.

Decoupage servilletas

 

Por último, sólo hizo falta que todo se secara bien para poder colocar el mueble y seguir utilizándolo. En total tardé unas cinco horas de trabajo casi continuado, es un proyecto algo más duro que la mayoría de los que he mostrado aquí, pero el resultado es estupendo, y ahora tenemos un mueble completamente único y a juego con nuestro comedor. Además aproveché para reorganizarlo un poco, y ahora también tenemos algunos cacharros electrónicos sobre las barras de abajo del todo.

Después de este proyecto, he estado investigando mucho más sobre renovación de muebles, y esta Semana Santa aprovecharé para llevar a cabo un proyecto que espero mostrar por aquí pronto.

Una forma barata y sencilla de dar color a una pared

Como os comenté el otro día, estos días me rondan por la cabeza ideas con papiroflexia, y en uno de aquellos momentos recordé unas mariposas que busqué hace tiempo para encontrar alguna manualidad vistosa y entretenida para niños. Se me encendió la bombilla y aproveché aquel recuerdo para idear una forma barata y sencilla de poner color en una pared.

Butterflies!

Necesitarás:

Papeles de colores variados.

Tijeras

Alfileres o chinchetas alargadas

Un martillo

¿Cómo se hace?

Es muy sencillo. Lo primero es hacer las mariposas siguiendo estas instrucciones. Se pueden buscar mariposas más sofisticadas, por Internet hay muchos tutoriales de origami para hacer mariposas vistosas y llamativas, aunque yo me he decantado por algo sencillo. Yo recomiendo que hagas las mariposas de muchos colores y, sobre todo, de diferentes tamaños, aunque todo depende de cómo quieras colocarlas tú en la pared.

Lo siguiente es clavarles el alfiler y después clavarlas en la pared, colocadas como más nos guste. Si quieres hacerlo como yo, en abanico, pon las más pequeñas abajo y distáncialas entre ellas conforme subes por la pared, lograrás que la pared parezca menos vacía de lo que en realidad está.

Es una forma estupenda de agregar color sin gastarse mucho dinero ni romperse la cabeza escogiendo el cuadro perfecto.

Esta vez, para variar un poco, he hecho un vídeo del proceso.

Cojines para alegrar una habitación

En materia de decoración, los cojines son una fuerza a tener en cuenta. Puedes utilizarlos para reforzar el esquema de colores de la habitación, para romperlo por completo, para darle un aire formal o todo lo contrario. Sin embargo, los cojines son un “producto clónico”, es decir, que a no ser que se te dé bien hacer cosas con agujas, es difícil lograr un cojín único que lleve tu sello personal, especialmente si no queremos dejarnos una fortuna y acabamos comprando el de Ikea.

Precisamente, con un cojín de Ikea (éste, en concreto) he ideado una forma de darle un toque de color original al despacho de mi casa. Es fácil.

Necesitarás:

La funda de cojín que quieras personalizar

Rotuladores para material textil (tantos como colores quieras)

Bolsas de plástico

Plancha y tabla de planchar

¿Cómo se hace?

1. Lo primero es sacar el cojín de su funda, ya que si pintamos sobre el mismo cojín, la pintura puede transparentarse y mancharlo. Además, sobre el cojín no se puede pintar con precisión. Una vez sacado colocaremos una bolsa dentro de la funda, procurando que esté lo más plana posible y que no haga arrugas, para que podamos pintar cómodamente.

2. Para usar los rotuladores textiles, primero tienes que agitarlos bien, hasta que la punta de fieltro se va tintando del color en cuestión. Haz un par de punto sobre papel para comprobar que la pintura sale.

Rotulador textil
3. Lo siguiente es lo más fácil y a la vez lo más trabajoso: tienes que pintar el diseño de tu cojín (o crear tu propio diseño, como gustes). Yo recomiendo no pintar trozos muy grandes, porque así gastamos rápidamente el color y nos cuesta más dar un acabado final mejor, vale más la pena seleccionar las zonas pequeñas donde podemos poner notas de color.

Colores, colores

4. Déjalo secar durante cinco minutos, y después, si lo crees conveniente, repasa aquellas zonas en las que falta color. Cuando hayas repasado, déjalo secar cinco minutos más.

5. Por último, plancha con cuidado, a temperatura media-baja (sin poner el vapor) y…¡ya tienes listo tu cojín personalizado!

Resultado final

Algunos consejos

· Cuando compres los rotuladores textiles, ten cuidado de fijarte muy bien sobre qué tejidos pueden utilizarse, no vaya a ser que los compres y después no te sirvan.

· ¡Ojo con la ropa! Si te manchas con estos rotuladores la ropa, es difícil que lo puedas quitar, así que ponte algo cómodo y que pueda ensuciarse.

· Tu cojín, tus reglas. Es algo que vas a personalizar a tu gusto, así que no te preocupes por las reglas habituales y haz un diseño que siga tus preferencias, con los colores que te gustan, repitiéndolos tanto como quieras.

· Para los amantes del minimalismo, quizá la explosión de color resulta cargante. Una opción más sencilla es comprar sólo un rotulador negro, y jugar a engrosar líneas y crear estampados propios.

· Levanta el tabú que hay sobre el negro y el blanco. No te empeñes en poner color a absolutamente todo, o al final acabarás con un cojín no apto para epilépticos. En lugar de ello, juega con el negro y el blanco para acentuar la gracia de los colores chillones alrededor. Al fin y al cabo… ¡el negro y el blanco van con todo!

· ¿Niños en casa? ¡No desaproveches la oportunidad! Una manera de que estén entretenidos sin hacer demasiado jaleo es que se dediquen a pintar, y mucho mejor que lo hagan sobre estos cojines a que lo hagan sobre las paredes. Luego se sentirán muy orgullosos cuando vean el cojín que ellos pintaron colocado en casa, y además, ¡es una forma excelente de ejercitar la psicomotricidad fina en niños a partir de 6 años!