Dos manualidades MUY sencillas para conmemorar el Día del Libro

Que sí, que llego tarde, que el día del libro fue ayer… ¡Pero nunca es tarde para hacer cosas que conmemoran los libros y la literatura! Llevo varios días liada con un proyecto grande que espero enseñar por aquí, así que mientras tanto os traeré ideas sencillas y rápidas que no me ocupen mucho tiempo.

Aquí os muestro dos manualidades (o crafts, depende de lo cool que seáis) que son a prueba de tontos. Una de ellas es un cambio de look a unos sujetalibros, y la otra, unos marcapáginas que, en total, no te llevan más de quince minutos.

El Día del Libro siempre ha sido especial, ya que cuando éramos pequeñas y Belén Esteban no había publicado nada aún existía variedad en las tiendas de libros, mi padre nos llevaba a visitar la feria del libro en el Parque de Viveros y era tradición que nos lleváramos algún libro a casa. Ahora me pilla un poco a desmano ir a visitar la feria, así que hago mis propias cosas para conmemorar este día.

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Estos sujetalibros existen desde el principio de los tiempos, o sea, desde que me mudé a Lux. Cuando nos cambiamos a esta casa hace un par de años, estos pobres sujetalibros no encontraron un sitio apropiado y acabaron olvidados en un rinconcito de una estantería. El otro día reparé en ellos, y aprovechando que hoy he recibido washitapes nuevas y me moría de ganas por hacer el tonto con ellas, me he propuesto darles un poquito de alegría (aquí podéis ver cómo eran antes). Tan sencillo como unas capas de pintura acrílica, un par de washitapes y algo de cola de base de agua para sellar las washis y la pintura.

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Los marcapáginas, para ser honestos, no han sido idea mía. La idea la vi aquí (también está ahí el proceso, en inglés). En este caso yo lo que he hecho para darle color a los marcapáginas ha sido hacer découpage de papeles que tenía por casa, restos de servilletas que he usado para otras cosas, etc. Además, yo los he hecho con cartulina, que aunque son menos flexibles, son más resistentes. Para que os hagáis una idea general, aquí podéis ver más o menos el proceso, partiendo de la plantilla.

¿A que son cositas muy sencillas? ¿Qué estáis haciendo vosotros para celebrar este día?

Transformando un mueble de Ikea

Inicialmente quería catalogar este post dentro de una de las actividades de esta primavera, el découpage. Pero la verdad es que al final he decidido catalogarlo aparte, ya que con él me lanzo a explorar una nueva faceta creativa: transformar muebles y otros objetos. Se podría decir que es parecido a restaurarlo, aunque en realidad en este caso el mueble no estaba en mal estado, simplemente consideré que necesitaba un “cambio de look“. Ahora queda mejor en el comedor, haciendo juego con la alacena.

Pero a lo que vamos. Esta vez, en lugar de poner los materiales y el proceso con instrucciones os iré contando cómo fue hacerlo, incidiendo más en mi experiencia propia que en cómo conseguir algo igual.

ANTES

Antes

DESPUÉS

 

Final I

 

Final II

 

El modelo que transformé es el carrito FÖRHÖJA de Ikea. Como podéis ver, lo compramos para poder poner ahí la máquina de café y todos sus complementos habituales (tazas, cápsulas, edulcorantes…). El diseño del mueble es muy característico de Ikea: muebles sencillos, funcionales y no muy ornamentados que nos transportan a los países nórdicos. Sin embargo, para un comedor en blanco con algún acento marrón, este mueble desentonaba un poco. Deshacernos de él estaba fuera de toda cuestión: el mueble está en perfecto estado, no es viejo.

Para darle un nuevo aire, combiné capas de pintura acrílica para madera con découpage de tela (en la superficie superior) y servilletas (detalles de los cajones y las barras del primer nivel). En este caso particular no hizo falta lijar nada, aunque suele ser recomendable antes de pintar, porque el mueble no tenía ninguna capa previa de barniz ni ningún tratamiento químico. Al tacto resultaba ligeramente áspero, poroso, ideal para la pintura. Por otro lado, no pinté el interior de los cajones ni aquellas partes que iban a ser menos visibles.

Pintar de blanco

 

Para un buen acabado, necesité hasta tres capas de pintura, especialmente en las partes más visibles. Pinté el mueble con un rodillo de esponja, de forma que no quedaron marcas de pelo como suele suceder con una brocha, y además con la esponja del rodillo, apretando un poco hacia delante, se podía extender la pintura por los recovecos. También podéis ver que utilicé un plástico protector para pintar, cosa que recomiendo encarecidamente. Sobre todo si tienes la deplorable idea de hacer esto en el salón de tu casa.

Una vez la pintura estaba completamente seca, hice el découpage de tela de la parte superior. Primero medí el mueble y corté la tela necesaria, para después plancharla a vapor. Esto me pareció importante porque la tela de algodón, la ideal para este tipo de trabajos, se arruga con facilidad y eso complica mucho un acabado perfecto. Para colocarla, extendí la tela sobre la superficie, aplanándola con la mano, levanté un lado, apliqué cola de base de agua, coloqué cuidadosamente la tela por encima, estirando del lado contrario, y la alisé con la mano, evitando que quedaran arrugas. Después levanté el lado contrario al pegado, y, siguiendo por donde ya había pegado la tela, fui colocando por sectores la tela que quedaba, alisando bien y estirando con cada nueva aplicación. Me sobró un poco de tela al final que tuve que cortar con mucho cuidado, a pesar de que la medida que hice era casi exacta, pero la tela con la que trabajé tenía cierta elasticidad, y al estirar un poco en cada aplicación de cola iba generando un poco de tejido de sobra. En este caso, para esparcir la cola tanto por la madera como por el tejido, utilicé una especie de paleta de esponja, que es recomendable para cuando se hace découpage en superficies medianas o grandes.

Decoupage tela

 

Para seguir utilizando este mueble con la máquina de café, hicieron falta hasta cuatro capas de cola de base de agua por encima de la tela, dejando un tiempo de secado entre medias, de modo que se quedó “plastificada”, algo parecido a un mantel, pero sin perder esa textura de tejido que quería para el mueble. Tras una semana de uso, puedo asegurar que las manchas se van con un trapo húmedo sin dejar casi marca.

Después hice los detalles de los cajones y las barras del primer nivel, con un pincel apropiado y siguiendo el mismo procedimiento que en otras ocasiones.

Decoupage servilletas

 

Por último, sólo hizo falta que todo se secara bien para poder colocar el mueble y seguir utilizándolo. En total tardé unas cinco horas de trabajo casi continuado, es un proyecto algo más duro que la mayoría de los que he mostrado aquí, pero el resultado es estupendo, y ahora tenemos un mueble completamente único y a juego con nuestro comedor. Además aproveché para reorganizarlo un poco, y ahora también tenemos algunos cacharros electrónicos sobre las barras de abajo del todo.

Después de este proyecto, he estado investigando mucho más sobre renovación de muebles, y esta Semana Santa aprovecharé para llevar a cabo un proyecto que espero mostrar por aquí pronto.