I ❤ Food: Toque griego

Antes que nada, disculpad el silencio por aquí estos días, pero servidora está en su tierra natal de celebración y hay poco tiempo para tener atendido el blog. Aprovecho este ratito que tengo para mostrar dos nuevas imágenes del proyecto fotográfico de primavera.

Toque griego II

En este caso no es algo concreto, sino la mezcla de unos cuantos ingredientes para lograr un sabor griego, muy mediterráneo: queso feta, aceitunas negras, tomates cherry (también pueden ser normales), cebolleta, un poco de zumo de limón y orégano. Esta combinación de ingredientes se puede aplicar en muchas cosas. En las fotos que os muestro lo he mezclado con un poco de quinoa para una ensalada de mediodía, logrando un plato equilibrado y que sacia bastante.

Sin embargo, hay muchas opciones. Se puede combinar con pasta y dejarlo a enfriar para una ensalada de verano rápida y muy sabrosa. También es posible servir esto como acompañamiento a unas brochetas de pollo previamente marinadas en limón, orégano y tomillo. Otra opción es incluirlo en un pan de pita con un poco de salsa de yogur, para un plato sencillo y que nos podemos llevar si tenemos que salir de casa.  Incluso se le puede añadir algún ingrediente más, como el pepino, y aumentar así la frescura y la cantidad de nutrientes que obtenemos, respetando el sabor característico. La verdad es que sólo hay que echarle un poco de imaginación.

Toque griego

I ❤ Food: Fresas con nata

Aquí vamos con la primera foto del proyecto fotográfico de esta primavera… ¡Fresas con nata!

Fresas con nata

Me inspiré en este pin para llevar a cabo esta idea. Estas fresas son un poco más originales que las habituales por varias razones:

1. La forma de presentarlas. Con un melon baller (¿cuál sería la traducción apropiada para ese útil de cocina?) vaciamos las fresas por dentro, y con una manga pastelera las rellenamos con nata montada. Por supuesto, es más fácil cuanto más grande sea la fresa.

2. La nata, montada casera, y además con un poco de sirope de arce en lugar de con azúcar. El resultado es agradable y peculiar.

3. Por último, para contrastar la frescura de la fresa y complementar el sabor del sirope de arce, una nuez pecana.

Quedan genial para un postre un poco especial y de temporada. No cuestan mucho de hacer (especialmente si se hace entre dos: uno monta la nata y el otro va vaciando fresas). Y además, lo que vaciamos de las fresas es precisamente el centro, que es también la parte más ácida. Todo ventajas, señores. Para que se queden de pie, se puede cortar un poquito la punta de la fresa, si no, se pueden presentar tumbadas.

Recetas de invierno: Mac and Cheese con batata

… y guisantes. Sí.

Final II

Llevábamos unos días con antojo de este plato típico de EE.UU, pero claro, es un plato tremendamente pesado y que tiene todo lo que alguien que quiere perder peso debería evitar o dosificar. Afortunadamente, hace poco me encontré con esta receta en EatingWell, y pudimos poner fin a nuestro antojo, pero más light y además mucho más nutritivo (que es lo que realmente cuenta).

Estos Mac&Cheese tienen el mismo aspecto que el plato estándar (salvo por los guisantes), pero el sabor despista mucho. Aunque evidentemente se nota algo de queso, la batata y los guisantes le dan un twist dulzón inesperado. Quizá no es para todos los paladares, pero a los que estéis haciendo dietas os puede solucionar fácilmente un antojo de pasta (en este caso, no pusimos pasta integral porque no encontramos una de forma apropiada, pero para hacerlo aún más suave se podría hacer esa sustitución)

A la receta original le he hecho unas cuantas modificaciones para obtener más sabor y textura.

INGREDIENTES

Ingredientes II

  • 200 gramos de pasta (nosotros escogimos mini pipe rigate)
  • 1  batata mediana
  • 2 cups de leche semidesnatada
  • 2 tablespoons de harina
  • 1 diente de ajo pequeño, picado
  • 1 cup y 1/4 de queso cheddar
  • 1 teaspoon de sal
  • 1/2 cup de guisantes congelados, descongelados
  • Un poco de emmental rallado

PROCESO

1. Precalienta el grill del horno a 250ºC. Pon un poco de aceite en la fuente que vayas a usar para gratinar la pasta y extiéndelo con una brocha de cocina o similar.

2. Cuece la pasta siguiendo las instrucciones del fabricante. Recuerda mojarla un poco con agua fría al escurrirla, para que no se pegue.

3. Pincha la batata con un tenedor por varios sitios, y ponla a temperatura máxima en el microondas durante unos 5 minutos, hasta que puedas pincharla completamente con el tenedor sin que oponga resistencia (recuerda que las batatas NO deben guardarse en el frigorífico). Con una cuchara, saca la pulpa de la batata y descarta la piel. Deja que se enfríe.

Ingredientes

4. En un cazo grande, vierte la leche, la harina y el ajo picado finamente. Ponlo a fuego medio, removiéndolo frecuentemente con unas varillas, hasta que humee, pero no debe hervir.

5. Cuando humee, apártalo del fuego e incorpora la batata (que se habrá enfriado). Con una batidora, bate la mezcla de batata y leche hasta que queden bien integradas y no haya trozos de batata. Vuelve a ponerlo al fuego.

6. Añade el cheddar y la sal y remuévelo hasta que el cheddar esté completamente derretido. Añade la pasta y los guisantes. Remueve bien para que todo quede cubierto.

7. Pásalo a la bandeja que engrasaste con aceite al principio, añade un poco de emmental rallado y mételo en el horno.

8. Déjalo gratinar de 2 a 5 minutos, o hasta que aparezca una capa tostada por encima de la pasta.

Final

Recetas de invierno: Quesadilla de batata y jamón de Parma

Hacía ya mucho tiempo que no ponía por aquí una receta, y hoy traigo una de creación propia, muy sencilla de preparar y deliciosa.

Las quesadillas (las saladas) son un plato propio de la comida mexicana, y, aunque estoy segura de que existe una receta “tradicional”, la verdad es que son tremendamente versátiles, ya que los ingredientes básicos son las tortillas de maíz y el queso. A partir de ahí se pueden hacer muchas pruebas. Es difícil hacer mal una quesadilla, son un plato barato y, si no nos queremos calentar mucho la cabeza, pueden hacerse rápidamente.

Final

En esta ocasión he hecho una apuesta segura, ya que el dulzor y la textura de la batata combinan muy bien con el jamón salado, y la mozzarella derretida aporta ese punto de suavidad que liga todos los sabores en la boca. La verdad es que es un plato muy sabroso que requiere poco esfuerzo.

Ingredientes

INGREDIENTES

  • 300 gr. de mozzarella para cocinar
  • 3 batatas pequeñas o 2 medianas
  • 75 gramos de jamón de Parma (o ibérico, mucho mejor, pero se nos había acabado)
  • 8 tortillas de trigo (para dos personas, 2 tortillas por quesadilla)
  • 1/2 teaspoon de comino
  • 1/2 teaspoon de pimentón
  • 1/4 teaspoon de ajo en polvo
  • un poco de aceite de oliva
  • sal

PROCESO

1. Lo primero es cocinar la batata. La pelamos y la cortamos en dados pequeños. Para conservar mejor su textura y su sabor, la batata que vamos a machacar debe cocinarse al vapor. De esa forma, no se nos agua tanto como si la cociéramos, perdiendo parte de su textura, y tampoco cuesta tanto de cocinar como si la hiciéramos al horno (esto lo aprendí en Good Eats, programa recomendable si te gusta la cocina). Se necesita bastante agua, así que es recomendable cocinarlas en una olla de boca grande y procurando que la batata quede más o menos extendida en la superficie, que no se monten los trozos.

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2. Cuando la batata esté lista, aproximadamente unos 20 minutos después, escurrimos un poco y trituramos con la batidora. Personalmente, me gusta encontrarme tropezones, por lo que usé la batidora sólo un poco al principio, y acabé con el tenedor. Cuando la tengamos machacada, añadimos un poco de sal, y las tres especias (comino, pimentón y ajo en polvo), esto le dará un deje de comida mexicana muy agradable. Eso sí, no os paséis demasiado porque entonces eclipsará el sabor del jamón.

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3. La siguiente parte es bien fácil: untamos la cara de una tortita de maíz con batata, colocamos jamón de Parma, mozzarella, y cerramos con otra tortita.

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Mozzarella II

4. Ya sólo queda untarla con un poco de aceite por encima y ponerla al grill (previamente calentado, al máximo). Yo la he hecho en grill, pero es posible hacerla en una plancha normal y corriente, la ventaja del grill es que hace los dos lados a la vez y mientras una quesadilla se hace, puedes ir preparando la otra, ahorrándote también problemas estructurales para darle la vuelta.

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Una vez hechas, se pueden cortar con un cortador de pizzas para que queden cómodos triángulos que hacen más fácil el comerlas, y también para que sea más fácil presentarlas en el plato.

Reto semanal: Muffins de calabaza y arándanos

Lo indico bien claro. Hay dos tipos de muffin: el inglés y el norteamericano. Gracias a Starbucks y otras cadenas, cuando alguien pronuncia la palabra muffin, enseguida los demás piensan en esas magdalenas gigantes y hermosas que siempre llevan tropezones. Y eso es sólo una parte de la realidad. Sí, ya me dejo de rollos y voy a lo que toca.

Como sabéis, la calabaza es muy usada en repostería por los norteamericanos, y no es para menos, el agua de esta cucurbitácea consigue que los bizcochos queden más melosos de una forma natural. Su característico sabor, ligeramente dulce una vez guisada, la convierte en un ingrediente estrella en pasteles, cupcakes, bizcochos y otras cosas por el estilo… Y por si eso fuera poco, la calabaza combina muy bien con las especias más comunes en repostería: la canela, el gengibre en polvo y la nuez moscada.

Esta semana vienen a visitarnos mis padres, y quería tener preparado algún bollo para desayuno un poco distinto, pero a la vez, no arriesgarme demasiado con los sabores. El resultado ha sido estupendo, no sólo agradable al paladar, sino también más ligero de lo que parece. La receta está modificada de  lo que vi aquí.

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INGREDIENTES

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2 cups de harina

1 teaspoon de bicarbonato sódico

1/2 teaspoon de levadura química

3/4 de teaspoon jengibre molido

1/2 teaspoon de canela molida

1/4  de teaspoon de sal

1/8 de teaspoon de clavos molidos

1 cup de ‘canned pumpkin

3/4 de cup de buttermilk (es raro encontrarla en España, se puede sustituir por 3/4 de cup de leche + 1 teaspoon de zumo de limón o vinagre, dejados a reposar juntos durante unos minutos).

3/4 de cup de azúcar moreno

1 tablespoon de aceite de oliva virgen

1 huevo de tamaño L o XL

1/3 de cup de arándanos secos (o al gusto)

Un poco de mantequilla para engrasar la bandeja de muffins

PROCESO

1. Precalentamos el horno a 190 º

2. Con unas varillas, mezclamos bien en un bol la harina, el bicarbonato, la levadura, las especias y la sal.

3. En un procesador de comida, combinamos la canned pumpkin, buttermilk, el azúcar moreno, el aceite y el huevo a velocidad 5 durante tres minutos. También se puede hacer a mano: todo en un bol, hasta que tengamos un líquido homogéneo de color marrón.

4. Una vez tengamos la mezcla líquida, a velocidad baja vamos agregando poco a poco la mezcla de harina, una cucharada cada vez, hasta obtener de nuevo una masa homogénea, pero más consistente. Debe quedar tipo batter.

5. Con un poco de mantequilla, engrasamos el molde de muffins que vayamos a utilizar, y colocamos dentro los moldes de papel para muffins. Vertemos la masa, sin llenarlos hasta el borde (ya que luego crecerán), aproximadamente un poco más de dos tercios del molde de papel.

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6. Horneamos durante 25 minutos, o hasta que el muffin rebote al ser tocado.

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ALGUNOS CONSEJOS

· El quid de la cuestión es que todo esté lo mejor mezclado posible, eso es lo que consigue el sabor final y que los ingredientes casen tan bien. No hay que olvidar el agradable contraste de una masa uniforme con esos pequeños trocitos de fruta que la alegran.

· Una cosa importante es no abrir el horno durante los primeros 15-20 minutos de tiempo de horneado. Eso hace que el horno se enfríe un poco y que gran parte de la humedad acumulada dentro salga, provocando así que los muffins salgan un poco más secos o, en el peor de los casos, que se hundan un poco por el centro.

· Es importante dejar que se enfríen muy bien antes de servirlos o comerlos, porque cuando están calientes se pegan bastante. Aún así,  no es mala idea presentarlos con cucharita si queremos rebañar bien el molde (y querremos, os lo aseguro).

· Los arándanos secos suelen ser más dulces que los frescos, ojo con aumentar demasiado la cantidad y obtener un muffin excesivamente dulce. Otras opciones que he visto y me han parecido interesantes son la de incluir algo más crujiente en lugar de fruta desecada (como nueces, avellanas…)

· Estos muffins admiten un poco más de especias, eso depende del gusto de cada uno, pero no le quedaría mal un poco más de canela o agregar nuez moscada.

Reto semanal: Croquetas de calabaza con salsa agridulce

Para el reto semanal traigo una receta ideal para un entrante o tapa sorprendente. Curioseando por Internet encontré varios sitios con esta idea, pero la verdad es que ninguno llegó a convencerme completamente. Algunos incorporaban la calabaza como tropezones de las croquetas, otros la incorporaban en la bechamel (aunque de formas más complejas que la que aquí presento)… Así que al final me decidí por crear mi propia receta. Para hacer estas croquetas lo que más se necesita es paciencia (no es una receta para hacer en una tarde, sino de un día para otro)

La verdad es que el resultado ha sido estupendo. Las croquetas son bastante suaves de sabor y textura, por lo que se prestan mucho a acompañarlas con alguna salsa. Me decidí por una sencilla salsa agridulce, que acentúa ligeramente el sabor de la calabaza y le da un toque de frescura muy agradable que contrasta con el espesor habitual de la croqueta. Salieron muchas (teniendo en cuenta que en casa somos dos), así que congelé y ahora tendremos croquetas listas para esos días en los que no queremos hacer algo muy complicado.

Presentación

INGREDIENTES

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PARA LAS CROQUETAS

La bechamel

300 gr. de calabaza + 100 gr. para hacer tropezones

100 gr. de mantequilla

1 cebolla pequeña, muy picada

150 gr. de harina

2 cups de nata para cocinar (~500 ml.)

Sal

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El empanado

Harina

Huevo

Panko (o pan rallado grueso)

PARA LA SALSA AGRIDULCE

1/4 de cup de vinagre de manzana (sino, vinagre frutal)

1/4 de cup de ketchup

1/3 de cup de zumo de piña (sólo piña)

100 gr. de azúcar

1 tsp. de maizena

(Equivalencias: 1/4 de cup -> 60 ml. 1/3 de cup -> 80 ml)

PROCESO

1. Lo primero es hacer los 300 gr. de calabaza puré. Para ello, hervimos la calabaza, y cuando la podamos pinchar con facilidad, escurrimos y trituramos con la batidora. Es conveniente pasar este puré por un colador y quitarle parte del líquido.

2. Mientras se cuece la calabaza, picamos los otros 100 gr. de calabaza en dados pequeños (según cómo te guste el tamaño de los tropezones de las croquetas). Lo sofreímos en un cazo, lo suficiente para que no esté dura pero tampoco demasiado blanda (5 minutos a fuego rápido). Reservamos.

3. En el mismo cazo donde hemos sofreído la calabaza, echamos la cebolla muy picada con una cucharada de aceite, y bajamos el fuego (a fuego bajo). Doramos durante dos o tres minutos, e incorporamos la mantequilla. Dejamos que se derrita completamente.

4. Cuando la mantequilla esté bien derretida, incorporamos la harina poco a poco. Echamos un par de cucharadas, mezclamos bien, echamos otro par de cucharadas… Y así hasta que acabemos la harina.

5. Cuando esté todo bien ligado (seguramente os quede una especie de masa densa), agregamos la nata para cocinar y la sal, y removemos durante unos minutos, hasta que se haya integrado bien con la masa. Cuando esto haya sucedido, incorporamos lo dados de calabaza reservados antes, y removemos, no demasiado para que los dados no se deshagan.

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6. Colocamos la masa resultante en un recipiente, y lo tapamos con papel film o aluminio. Dejamos que se tempere un poco, y después lo colocamos en el frigorífico. La masa tiene que enfriarse completamente para manipularla después (idealmente, debería estar una noche en la nevera)

7. Para la salsa agridulce, ponemos el zumo de piña (frío, preferentemente) y la teaspoon de maizena en un recipiente, removemos un poco y dejamos que se disuelva la maizena en el zumo.

8. Mientras la maizena se disuelve, en un cazo colocamos el ketchup, el vinagre y el azúcar a fuego alto. Cuando empiece a hervir, bajamos el fuego y dejamos que se cocine todo durante diez minutos, removiendo de cuando en cuando.

9. Pasados los diez minutos, incorporamos la mezcla de zumo y maizena, asegurándonos de que cae todo en el cazo (la maizena creará un pequeño poso en el recipiente donde ha estado). Cocemos tres o cuatro minutos a fuego alto, y retiramos del calor. La salsa se espesará un poco al enfriarse, y entonces estará lista para servir.

10. Cuando la masa de las croquetas esté fría, es momento de formar las croquetas. Con una cuchara sacamos la cantidad de masa deseada, le damos forma con las manos y pasamos, sucesivamente, por harina, huevo y panko. Recomiendo refrigerarlas unas horas una vez preparadas.

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11. Freímos las croquetas en abundante aceite muy caliente. En freidora, a 190º cuatro o cinco minutos.

Por dentro

ALGUNOS CONSEJOS

1. Como he dicho al principio de esta entrada, ésta no es una receta rápida. Mi consejo es preparar la bechamel una tarde y dar forma a las croquetas a mediodía o por la mañana del día siguiente. Después de eso, una vez tengamos las croquetas, también es conveniente refrigerarlas durante unas cuantas horas, porque esto es lo que hará que el empanado se selle bien y salgan crujiente una vez fritas, que es precisamente el quid de la cuestión con las croquetas: un interior cremoso en contraste con un exterior crujiente.

2. He visto en otros sitios acompañar las croquetas de calabaza con diversas salsas. A mí me ha parecido que la salsa agridulce es sencilla de hacer y le va muy bien, pero hay muchas otras alternativas (seguramente una salsa de miel y mostaza también vaya muy bien, o tzatziki). Sin duda, debe ser una salsa con sabor pronunciado y característico.

3. Otra alternativa si no queremos servirlas con salsa es incorporar algún tropezón distinto a la calabaza en la bechamel. Yo no he querido arriesgarme porque creo que añadir otro sabor podría eclipsar el sabor de la calabaza, o hacer las croquetas más pesadas.

4. La bechamel es muy densa, prácticamente es una masa. No os asustéis cuando estéis haciéndola. De esta forma, la ventaja es que las croquetas son más fáciles de moldear al gusto, y el acabado final es más agradable visualmente.

5. Yo probé a hacer la bechamel con 150 gr. de mantequilla, y os puedo asegurar que era MUCHA mantequilla. Con 100 gr. el resultado debería ser parecido, pero menos graso.

6. Tanto si freís las croquetas en freidora como si lo hacéis en sartén, una clave es no hacer muchas croquetas de golpe. Se tarda más, pero el resultado es mejor. Si colocamos muchas croquetas en el aceite de golpe, teniendo en cuenta que estarán frías del frigorífico, enfriaremos el aceite y entonces habrá más posibilidades de que nos salgan aceitosas y, por tanto, menos crujientes.

7. Cuando forméis las croquetas, no os mojéis las manos, no es preciso.

Mermelada de mirabelles

Una de las tareas para este otoño era la de hacer mermelada de mirabelles (o mirabeles, en castellano). Como ya dije, vivimos a una hora de Metz, la ciudad más representativa del cultivo y uso de esta pequeña variedad de ciruela. La mirabel es una fruta dulce, lo que la convierte en una variedad de ciruela apta tanto para mermeladas como para repostería. Descubrimos que teníamos un par de árboles de mirabel en el jardín, aunque dan muy poca fruta y sólo hemos recogido unos 500-600 gramos de ambos (se nos escaparon algunas que se comieron los pájaros y otras que se comió la fierecilla cuando caían maduras del árbol).

Congelé las ciruelas conforme maduraban y las recogíamos, porque no salieron todas a la vez, con la esperanza de que se mantuvieran en buen estado, pero al descongelarse perdieron su tersura original. No importa, porque estaban dulcísimas y la mermelada que ha salido es fina y agradable de sabor.

INGREDIENTES (para ~250 gr. de mermelada, o casi un bote)

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~500 gramos de mirabeles

1/2 cup de azúcar de caña

1/2 teaspoon de zumo de limón

Tres o cuatro trozos de manzana (no muy madura, preferentemente), con piel

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PROCESO

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1. Lo primero es lavar y deshuesar las mirabeles. Es más fácil con un deshuesador pero también se puede hacer a mano. No hará falta partir la fruta en trozos, porque en este caso es muy pequeña, y tampoco es preciso pelarla.

2. En un cazo, ponemos las mirabeles, el azúcar, el zumo de limón y los trozos de manzana a fuego lento durante una hora y media (puede ser más), removiendo de tanto en tanto. La mezcla no tiene que llegar a hervir.

3. Mientras se cuecen los ingredientes, llenamos la pila del grifo de agua hirviendo y colocamos dentro del agua el tarro o tarros que vayamos a usar para guardar la mermelada, durante unos 15-20 minutos. De esta forma los esterilizamos.

4. Comprobamos que la mermelada esté en el punto de espesor apropiado. Para la manzana tenemos dos opciones: podemos descartarla en este punto, o podemos quitarle la piel y triturarla junto con las ciruelas. Yo he escogido quitarle la piel e incluirla en la mermelada, ya que no había mucha fruta y de esta manera quedaba un poco más consistente la mermelada resultante. El sabor de la manzana no se nota prácticamente en el resultado final.

5. Trituramos todo con una batidora hasta que quede una mezcla homogénea. Colocamos en los tarros y dejamos enfriar fuera de la nevera. Una vez fríos podremos almacenarlos o refrigerarlos.

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Está riquísima y yo la he tomado sobre un muffin inglés con mantequilla, acompañando a un capuccino, para merendar 🙂

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ALGUNOS CONSEJOS

· El azúcar suele ir a gusto del consumidor, pero también hay que usar el sentido común. En este caso, la fruta que utilizamos es bastante dulce, con lo que pasarse con el azúcar equivale a obtener una mermelada cargante y empalagosa, en la que el sabor de la fruta puede quedar desdibujado. En otros casos, como las mermeladas de frutas ácidas (fresa, por ejemplo) y cítricos, es más lógico aumentar la cantidad de azúcar.

· Para comprobar si la mermelada está en el punto de espesor adecuado hay muchos métodos, todos ellos consistentes en someter un poco de mermelada a un cambio brusco de temperatura para ver su reacción. Yo pongo un plato pequeño en la nevera mientras la mermelada se cuece, y cuando ha pasado una hora, hago una prueba colocando un poquito de mermelada en el plato recién sacado de la nevera. Si la mermelada se espesa al poco de establecer contacto con el plato, está en su punto.

· Al respecto del espesor, la mermelada debe quedar espesa al enfriarse. Si intentamos que la mermelada esté espesa mientras se cuecen los ingredientes, en caliente, cuando se enfríe tendremos algo parecido a una gelatina.

· La manzana es el factor que ayudará a que nuestra mermelada se espese más fácilmente (debido a la pectina que contiene). También es posible espesar la mermelada con pectina artificial, si no se quiere incorporar manzana en la mermelada.